Cuatro dudas y una certeza

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Nº2048 - al de 2019
por Andrés Danza

Una euforia desmedida. Comprensible, si se tiene en cuenta la preocupación contenida durante semanas, pero sin duda desmedida. El candidato oficialista Daniel Martínez subió cerca de la medianoche del domingo 24 a un escenario ubicado sobre la avenida 18 de Julio como si hubiera ganado las elecciones. A los saltos y a los gritos arengó a los militantes cual triunfador de una larga batalla y les recomendó disfrutar del momento. Pero perdió. Desde esa noche sabe que su competidor, Luis Lacalle Pou, será el próximo presidente. Lo sensato hubiera sido mostrar la alegría por la repuntada histórica y además reconocer el triunfo del adversario.

Igual prefirió alimentar la esperanza de algunos frenteamplistas, aunque sea casi insignificante, al menos por unos días. Eligió impedir que sus rivales festejaran esa noche la obtención del gobierno, aunque ya fuera un hecho. Optó por dejar bien claro ante toda la opinión pública que para el oficialismo, la del domingo era una jornada como para celebrar, luego de errores de campaña, cuestionamientos internos y temor de sufrir una paliza electoral. Algo pasó en las últimas tres semanas que sirvió para que el Frente Amplio sumara cerca de 200.000 votos y Martínez quiso alargar un poco más esa buena noticia, priorizando su catarsis sobre la realidad.

Horas antes, todo había sido confusión. Las encuestas coincidían en que Lacalle Pou iba a ganar por una diferencia no menor a cinco puntos y con esa idea se inició el recuento de votos a las 19.30 del domingo. Pero pasadas las 20.00 horas las proyecciones realizadas de los distintos circuitos mostraban un final muy parejo. Y fue en ese momento cuando las miradas se centraron en Guido Manini Ríos, que había hecho circular al filo de la veda un video llamando a los militares a votar contra el Frente Amplio, y que fue viral durante todo el fin de semana.

Otra vez Manini ocupó el centro de los comentarios. Igual que en las elecciones nacionales de octubre, pero esta vez con especulaciones sobre la influencia que ese video al límite de lo legal tuvo en la remontada del oficialismo. Cuatro son las interpretaciones que se presentan como dudas razonables de lo que pudo haber ocurrido. Y una sola es la certeza. Vale la pena repasarlas, porque funcionan como un buen resumen de los tiempos actuales y de los que se vienen.

I) El video difundido por Manini reclamando a los militares votar contra el Frente Amplio por haberlos perjudicado durante los últimos 15 años alimentó el crecimiento electoral de la fórmula oficialista en la segunda vuelta. Esa es la lectura realizada por un porcentaje alto de blancos y colorados, algunos frenteamplistas y también politólogos y analistas. Es la teoría con más adeptos, aunque sea imposible de comprobar en los hechos. Por más que suena muy convincente, integra la nebulosa de la duda, al igual que las demás.

II) La difusión de esa arenga de Manini sirvió para que la “coalición multicolor” lograra mantener los votos necesarios como para ganar en la segunda vuelta por un escaso margen. Esa fue la lectura realizada por el propio Manini. Por más que suena poco probable, tampoco es posible saber si el general retirado logró o no convencer a algunos militares indecisos con su jugada.

III) El video difundido por Manini tenía la voluntad expresa de quitarle votos a la “coalición multicolor”, luego de un acuerdo oculto entre algunos militares y tupamaros. Esa teoría fue desarrollada por dirigentes del Partido Nacional el fin de semana electoral, sobre la base de que fue el gobierno de José Mujica el que designó a Manini como comandante en jefe del Ejército. La interpretación sería que el líder de Cabildo Abierto es como una especie de “caballo de troya” empujado por Mujica, que ingresó dentro de la “coalición multicolor” para provocar problemas internos.

Es más: algunos dirigentes nacionalistas hasta asocian el video de Manini con el editorial difundido por el Centro Militar ese mismo fin de semana, denominado El fin de una pesadilla, en el que se reclama “extirpar el marxismo” de Uruguay. La intención, según los padres de esta teoría, era recrear un espíritu setentista para alejar mediante el miedo votos de la “coalición multicolor”, algo a priori demasiado rebuscado y difícil de creer. De todas formas, como las anteriores, merece el beneficio de la duda.

IV) Aquí se invierten los términos. Manini resolvió grabar su video y el Centro Militar difundir el editorial nostalgioso de la dictadura porque recibieron información de que muchos integrantes de la tropa habían resuelto votar al oficialismo, luego de una gira realizada por Mujica en lugares del interior del país cercanos a cuarteles.

Esta interpretación, sostenida por militares y algunos políticos, tiene su asidero en varios actos realizados por el expresidente los últimos 10 días en Artigas, Tacuarembó y Rivera, por ejemplo, dirigidos especialmente a soldados y con un discurso conciliador con ellos. El grupo de Manini realizó un seguimiento de ese periplo de Mujica y, ante la posibilidad de que tuviera resultado, resolvió que el general retirado grabara la arenga, en la que critica directamente al líder tupamaro. Los resultados de la segunda vuelta muestran que el Frente Amplio creció mucho en el norte del país, así que esta interpretación produce, al menos, otra duda razonable.

Y detrás de tantas dudas, aparece la certeza a tener en cuenta para el gobierno que comienza: Manini es impredecible. Manini se mueve con independencia y prioriza sus decisiones personales o grupales a las de la “coalición multicolor”. Manini no siente un compromiso histórico con ninguno de los partidos, porque la colectividad que creó tiene apenas seis meses. Manini entiende muy bien el pasado —la obsesión de los uruguayos—, interpreta de forma muy hábil el presente y ya piensa en el futuro. En resumen: Manini puede significar un problema importante para la próxima administración si Luis Lacalle Pou no lo logra encauzar a tiempo. Es ahora.

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