Fernando Pereira. Foto: Nicolás Der Agopián

El caceroleo no fue “contra el gobierno”, al que el movimiento sindical quiere con “la mayor estabilidad posible”, asegura Fernando Pereira, quien pide a Lacalle Pou que no escuche a los sectores económicos más “ortodoxos” de su administración y tome medidas “potentes” para los sectores más pobres

El PIT-CNT reclama al Poder Ejecutivo que abra “la puerta” al diálogo para alcanzar “acuerdos sociales mayores” ante una crisis que puede ser peor que la de 2002

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Nº2065 - al de 2020
entrevista de Martín Mocoroa y Guillermo Draper
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Fernando Pereira había imaginado diferente la recta final de su trayectoria como dirigente sindical. Al menos, asegura que ni en sus pensamientos más pesimistas imaginaba que volvería a atravesar una situación igual o peor a la del 2002. Sin embargo, ahora está ahí, sentado delante de una muralla de alimentos no perecederos que pronto se repartirán en distintos barrios, hablando de cómo se para el PIT-CNT frente a la crisis desatada por el coronavirus, que dio vuelta antes al mercado laboral que al sistema de salud. 

Con más de 50.000 envíos al seguro de paro en una semana, para el presidente del PIT-CNT siguen los recuerdos grises, porque este miércoles tuvo que volver a cacerolear. Más que eso, se convirtió en la cara principal de un caceroleo. Es una medida que no le gusta, que solo aplicó contra la dictadura, pero que ante las restricciones a las aglomeraciones apareció como la única posibilidad de impulsar una plataforma de 11 puntos del movimiento sindical y otra decena de organizaciones sociales, que reclama atención a los sectores más vulnerables. 

No le resulta cómoda la situación. Se molesta por tener que discutir sobre la medida y no el contenido e insiste permanentemente en que no es “contra el gobierno”, ni pretenden desestabilizarlo. Esperaban señales que no llegaron, justifica el martes por la tarde a Búsqueda, y entonces se inclinaron por una herramienta de presión para que las autoridades tomen las medidas a tiempo que eviten una crisis social. Para Pereira, transitar ese camino requiere que el gobierno decida endeudarse y dejar de lado su hoja de ruta original y, para que eso suceda, es consciente de que deberán ganarles el tironeo a los sectores “ortodoxos” de la coalición que no quieren quemar los papeles con los que llegaron. 

En medio de reuniones, entrevistas, llamadas con gobernantes y malos recuerdos, Pereira —aficionado al teatro— se hizo un hueco y aceptó la propuesta de la dramaturga Marianella Morena, que lo invitó a participar del proyecto Teatro en Casa. El presidente del PIT-CNT, acostumbrado a seguir las obras desde las butacas, esta vez será actor en esa iniciativa desarrollada para el contexto de cuarentena. 

Lo que sigue es una síntesis de la entrevista.

—A poco más de 20 días de empezado el gobierno y con una crisis sanitaria de por medio, el PIT-CNT decidió promover un caceroleo. ¿Por qué consideraron necesario tomar una medida así?

—Hay una intencionalidad de discutir la medida y no las propuestas. Tenemos un conjunto de propuestas que pretenden atender a los sectores más embromados por esta pandemia, que va a generar una crisis económica y después una crisis social. Esos sectores no son precisamente los afiliados al PIT-CNT. ¿Quiénes son? Las personas en situación de informalidad, unos 400.000 uruguayos. Son feriantes, vendedores ambulantes, costureras, plomeros, trabajadores cuentapropistas. Todos esos trabajadores pasaron de tener un ingreso a cero. Si el gobierno llega a decretar la cuarentena obligatoria, nosotros nos preguntamos cómo van a subsistir. Esta es la respuesta que el gobierno tiene que dar, no si el caceroleo gusta o no gusta. Nosotros también tuvimos dudas de si es la mejor medida, pero no queremos discutir la medida táctica. En todo caso lo hará la gente y nos apoyará o no. Nosotros queremos discutir las propuestas. ¿Es loca esta propuesta de dar un salario mínimo de $ 15.000 a las personas que estén en esta circunstancia? Estuvimos viendo que saldría poco más de US$ 200 millones. ¿Es plata? Sí, es plata. Pero tenemos dos posibilidades: o endeudarnos a futuro y responder a la crisis social, o pagarlo con pobres. Yo prefiero que la sociedad salga lo más integrada posible. Esta medida es para evitar toda confrontación social. Nosotros estamos jugando a favor de la patria. Nadie nos puede pedir que no luchemos por el sector más débil, porque no estaríamos honrando nuestras tradiciones y a nuestros fundadores.

—¿Dialogaron con el gobierno antes de llegar a esta medida táctica?

—Le mandamos estas propuestas al presidente el viernes pasado, a él y al secretario de la Presidencia. Se las mandamos fundamentadas y creo que bien fundamentadas. No cuestionamos ninguna de las medidas que el gobierno tomó, que, desde nuestro punto de vista, van en el sentido correcto. Cuestionamos la escasez de las medidas.

—¿El gobierno rechazó sus propuestas?

—No. No nos contestó todavía. Entonces, cuando no te contestan… Por más que son pocos días, no olvidemos que estamos ante una epidemia que no sabemos en qué fase va a entrar en una cuarentena obligatoria. Hay una cantidad de sociedades científicas y el Sindicato Médico que se han expresado por la cuarentena obligatoria. Nosotros hemos preferido el camino de que sea la autoridad sanitaria la que nos dé las garantías de no contagio. Cada instrucción que ha dado la hemos cumplido. El diálogo con el gobierno ha sido positivo, pero también tenemos derecho a expresarnos. ¿Y alguien piensa que sería lógico en este momento expresarse con una movilización de 30.000 personas? Entonces, no se trata de la medida, se trata del fondo de las propuestas. Discutamos sobre el fondo. ¿Son buenas propuestas o malas? Los países en el mundo han tomado estas decisiones, en algunos casos lo hicieron tarde y ahí tenés los resultados.

—La semana pasada usted hacía unas declaraciones bastante similares a las que usó Lacalle Pou para argumentar en contra de la cuarentena obligatoria. Decía que no estaban tan de acuerdo con aquello de mandar a todo el mundo a sus casas.

—No cambiaron. El tema es que pasó una semana, avanza el número de contagios, es una pandemia que se reproduce exponencialmente, y hay que tener los escalones preparados para la contención social en el caso de que haya que declarar la cuarentena obligatoria. Todos sabemos que esa medida está sobre la mesa, el tema es cuándo. Para ese cuándo el PIT-CNT hace un conjunto de propuestas y para defenderlas coloca una medida, que puede no sonar simpática solo por un motivo: fue una medida muy utilizada para tirar la dictadura. 

Fernando Pereira
Foto: Nicolás Der Agopián

—No suena simpático el antecedente.

—Pero la medida que encontramos es esa. No encontramos otra. Nada tiene que ver con un rechazo ni a la política ni a la acción del gobierno. Nos podrá parecer poco, pero lo poco que ha hecho son políticas acertadas. Lo que estamos diciendo es: “No olvidemos a estos que están descolgados”. No son sectores afiliados al PIT-CNT los que nombramos. ¿Nuestra cultura qué está haciendo? Nada. ¿Qué ingreso tiene? Ninguno. ¿Cómo protegemos a esa gente?

—Usted argumenta que la medida es para empujar las propuestas, ¿pero el caceroleo no abona un clima de rispidez?

—Hablá con los feriantes, hablá con los teatros independientes, hablá con los cuentapropistas, hablá con las unipersonales que no tienen a quién facturarle y decime si van a cacerolear o no. Porque desde la comodidad del que tiene todo para aguantar una cuarentena es fácil cuestionar esto. Nosotros nos estamos preocupando de la gente que no tiene posibilidad de aguantar una cuarentena. Estamos usando esta medida simplemente porque no encontramos otra. Ojalá se nos hubiera ocurrido otra efectiva, pero no se puede concebir un movimiento sindical que no luche. Acá no se trata del sello del PIT-CNT o de la Intersocial contra el lomo del gobierno. Queremos un diálogo entre el gobierno, las organizaciones sociales, la academia y los otros partidos que genere un mínimo de propuestas para atender a los más vulnerables. No estamos ortodoxamente atados a nuestras propuestas, estamos dispuestos a escuchar otras, pero queremos escuchar propuestas dirigidas a este sector. 

"¿Es loca esta propuesta de dar un salario mínimo de $ 15.000 a las personas que estén en esta circunstancia? Estuvimos viendo que saldría poco más de US$ 200 millones. ¿Es plata? Sí, es plata. Pero tenemos dos posibilidades: o endeudarnos a futuro y responder a la crisis social, o pagarlo con pobres".

—Mieres en una entrevista en Fácil desviarse dijo que la medida era “desproporcionada e insólita” y que producía “un clima que ayudaba muy poco” a salir de la situación. 

—Yo no comparto. Lo hablé con Mieres. Esto no tiene nada que ver con las negociaciones tripartitas que tenemos a través del Ministerio de Trabajo. Tiene que ver con la atención al sector más vulnerable. Esa barra tiene que poder comer. No es que nos ponemos en contra de las políticas de Mieres. Eso es interpretarlo mal. Mieres ha tratado de resolver los problemas que estuvieron arriba de la mesa y ha trabajado de forma interesante, igual que Arizti. Se trata de que este conjunto de propuestas no han sido escuchadas y la movilización alternativa que podíamos realizar era esta. Y no me digan que porque van 20 días de gobierno no nos podemos movilizar. Esta circunstancia le está tocando a la gente a 20 días de que asumiera el gobierno, y no van a comprender que yo no haga nada porque van 20 días. 

—¿El gobierno pudo haber dado alguna señal para evitar este desenlace?

—Bueno, las veces que fueron consultados sobre el tema de las tarifas las respuestas fueron tajantemente negativas. No fue un “lo vamos a estudiar” ni un “vamos a verlo para los sectores con menos ingresos”. No. Fueron tajantemente negativas. No me digan que no son señales. El gobierno está dando todos los días una conferencia de prensa y no dio respuesta a ningún tema planteado.

—¿Sintieron ignorados sus planteos? 

—No lo sabemos. Lo que decimos es que no pueden sentirse 10 minutos de caceroleo y apagón voluntario como una medida violatoria de la ley, violatoria de la Constitución, rupturista con otros sectores de la sociedad. Porque entonces, ¿qué estamos habilitados a hacer? ¿Callarnos la boca simplemente? No es un llamamiento a desestabilizar al gobierno. Nosotros queremos que este gobierno tenga la mayor estabilidad posible y jamás hubiéramos creído que les iba a tocar encontrarse con esta pandemia. Ahora, uno puede encontrarse con esta pandemia y buscar claves de unidad social o puede sentir que es el único que puede tomar decisiones. Y tiene todo el derecho, porque fue electo para tomar decisiones. Pero cuando un país se enfrenta a este tipo de circunstancias tiende a ir hacia acuerdos sociales mayores. El futuro después de la pandemia va a ser difícil y lo vamos a enfrentar mejor en la medida en que haya un diálogo social aceitado. Esto es en cierta medida lo que reclamamos.

—¿Cree que está demostrando poca sensibilidad el gobierno hacia esos sectores vulnerables?

—No. Yo parto de la base de que un gobierno que asume y a los pocos días le cae un problema de este tipo piensa en todas las variables y una es la económica. Nosotros también las pensamos. Lo que pasa es que estamos ante una encrucijada. Si el país no se endeuda, probablemente lo paguemos en crisis social. Para hablar claro: mayor pobreza, mayor desempleo, mayor exclusión. Si el país se endeuda y protege a los sectores con mayor dificultad, quedaremos más endeudados para las futuras generaciones, pero les transmitiremos una deuda económica y no una deuda social de una dimensión increíble.

—La ministra de Economía, Azucena Arbeleche, mencionó en una conferencia de prensa líneas de crédito con distintos organismos. ¿El Fondo Monetario Internacional le parece una opción?

—A mí que me hablen del FMI es como que me hablen del diablo. El FMI nos ha colocado condicionamientos inaceptables. Ojalá el gobierno no se endeude con el FMI. En principio vimos el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y Banco de Desarrollo de América Latina (CAF). Ahí había créditos preacordados por más de US$ 2.000 millones. Se nos puede decir que sí o que no, pero se nos tiene que dar una fundamentación. Todos los países están tomando medidas. Ustedes han visto las medidas de los ingleses o las de los alemanes que sustituyen el 80% de los salarios. Uruguay no puede hacer eso, está bien, pero tomá las medidas más potentes posibles. Todos estos países tuvieron que desoír sus reglas fiscales, sus objetivos anuales, incluso lo que piensan, porque se trata de mantener la sociedad integrada. Esos aprendizajes los tenemos que ver.

—¿Y por qué cree que no avanza el gobierno en esa línea?

—No debe ser fácil. Hay contrapesos. Hay sectores ortodoxos del gobierno que piensan que no hay que cambiar la línea económica con la que llegaron y sectores que piensan que hay que mover la aguja porque no se trata de una circunstancia normal. Estás ante una crisis que la canciller alemana comparó con la crisis de la posguerra. Ese es el volumen de esta crisis.

—¿El gobierno debería tener la flexibilidad de dejar de lado su hoja de ruta original?

—Naturalmente. Y nadie debería cobrárselos, porque el gobierno no va a poder cumplir con todas las promesas. ¿Alguien cree que el gobierno va a poder ahorrar US$ 900 millones? ¿Que no nos vamos a tener que endeudar? ¿Que nuestra inflación no va a superar los dos dígitos por el empuje del dólar, por el remarque y por la especulación absurda de los empresarios con los productos que evitan que nos contagiemos? Eso parece que a nadie le importa. Se enojan con el PIT-CNT. ¿Por qué no se enojan con los productores de alcohol que pasaron de cobrarlo a entre 100 y 150 pesos a entre 500 y 700?

—¿Habló con el presidente Luis Lacalle Pou en estos días?

—No. Con Argimón, sí, y con Delgado, que quedamos en seguir conversando. Con Lacalle no, porque creo que hay que tener una reunión en algún momento de esta semana. Ojalá que la otorgue para que, mirándonos, le digamos claramente por qué pensamos que nuestras alternativas son las adecuadas y escuchar cuáles son las del gobierno. 

—¿En estas charlas con Argimón, Delgado y Mieres, recibió algún reproche por el caceroleo?

—Esas cosas siempre me las guardo. Cuando me reprochan y cuando reprocho siempre me lo guardo 100%.

"El diálogo con el gobierno ha sido positivo, pero también tenemos derecho a expresarnos. ¿Y alguien piensa que sería lógico en este momento expresarse con una movilización de 30.000 personas? Entonces, no se trata de la medida, se trata del fondo de las propuestas".

—Hoy comparaba la situación actual con la crisis del 2002 y antes de la entrevista comentaba que creía que puede ser peor. ¿Cree que cuando se disipe el humo del incendio va a haber tierra arrasada?

—Cuando baje la espuma va a haber una crisis mundial, que, de acuerdo a los informes que tenemos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), va a hacer perder muchos puestos de trabajo en el mundo. Ese es un dato de la realidad. De cómo Uruguay se adapte a esta circunstancia dependerá cómo vamos a salir, si salimos en una clave mejor que la del 2002 o igual. 

—En el 2002 había figuras negociadoras como Alejandro Atchugarry o Juanjo Ramos en el sindicato bancario. ¿Ve quiénes pueden jugar esos roles?

—Hay varios que lo están jugando. El problema es que en 2002 Juanjo Ramos podía convocar a 20.000 trabajadores en 18 de Julio. Juntarse con los ahorristas, decirles a los trabajadores que iban a perder el trabajo, pero que después lo iban a recuperar gracias a la lucha del sindicato. En 2002 nos movilizamos como nunca. Hicimos una marcha de decenas de miles de personas en Punta del Este. Ahora no podemos hacer eso responsablemente. Parto de la base de que hay muchos dialoguistas en el gobierno. Argimón, Delgado, Mieres, Arizti. Y hay otros. Nosotros estamos dispuestos a buscar soluciones de diálogo de la misma forma que en el 2002, pero nos tienen que abrir la puerta. Nosotros construimos un conjunto de propuestas, ahora hace falta que alguien abra la puerta y diga: “Vamos a conversarlas”. 

—¿Todos esos canales de diálogo que mencionó no son suficientes para abrir la puerta?

—Claro que alcanzan, pero lo que pasa es que el gobierno llegó hace 15 días. Estaban colgando el cuadro y les cayó una pandemia. Cuando se estaban acomodando en la silla tuvieron que dar respuestas. Y nosotros tenemos necesidad de dar respuesta a nuestra gente, que no son solo los afiliados. No nos gusta esta medida. Nos gustaría hacer como hicimos en 2002, pero hoy no podemos porque tenemos que ser responsables con la salud. Ahora, habría que preguntarle al gobierno si estas propuestas que hacemos son descabelladas. ¿Es descabellado darle un bono de alimentación a cada persona en situación de vulnerabilidad? ¿Es descabellado que se les pague un bono a todas esas unipersonales a las que de un día para el otro las empresas a las que les facturan les dicen que se queden en sus casas? ¿Es descabellado que los feriantes tengan un bono hasta que puedan abrir la feria? ¿Es descabellado pedir que se postergue el vencimiento de las tarifas o que les descuenten el IVA a los que gastan menos de 230 kilowatts de energía eléctrica o cinco metros cúbicos de agua? Si alguien me dice que es descabellado, lo analizo otra vez. Yo no veo ninguna propuesta descabellada y, como no hay ninguna, entonces nos quieren discutir la medida del caceroleo como si fuera satánica. ¡A ver, señores, es una forma de expresarse en este momento! Ojalá pudiéramos ir 200.000 a Punta del Este.

Caceroleo del miércoles. Foto: Nicolás Der Agopián

—Mieres dijo en que no los vio tan rápidos para hacerle caceroleos al Frente Amplio. 

—No debe haber leído suficiente o la molestia le nubló la vista. Si hubiera leído suficiente, podría recolectar los datos sobre los paros parciales y generales que se le hizo al Frente Amplio. ¿Piensan que ahora estamos actuando con más beligerancia? Vamos a aplaudir y tocar unas cacerolas. A veces me asombro de cómo logran generar del toque de unas cacerolas un acto que parece antidemocrático. No hay un problema de diálogo entre este gobierno y el movimiento sindical. En todo caso puede haber enojos. Pero enojos he tenido con todos los gobiernos. Todos los presidentes se han enojado alguna vez conmigo, sin excepción.

¿Con este presidente fue más rápido?

—No me ha transmitido nada. En todo caso, se enojaron otros más que él. Lo que dijo él en la conferencia es correcto: “No lo comparto pero están en su derecho”. Ojalá todos dijeran eso.

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