El sentido mas chiquito y mezquino del término

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Nº2065 - al de 2020
por Fernando Santullo

Hay gente que está a la altura y gente que no. Hay gente que no importa si no está a la altura y hay gente que sí. Entre la gente que sí importa que no esté a la altura se encuentra, sin duda, políticos, científicos, sindicalistas, activistas, empresarios y casi cualquiera que con sus acciones tiene posibilidad de incidir sobre la vida de terceros. Para poder estar a la altura de una situación hace falta primero registrarla, es decir, darse cuenta del punto en que se está parado. Y luego, una vez identificado el punto, tratar de obtener la mejor información disponible para poder tomar las mejores decisiones en ese instante.

¿A qué viene esto? A que, en una pandemia como la que estamos viviendo, en un momento tan radicalmente delicado, tan potencialmente destructivo, una cosa es tener a unos miles de personas soltando tonterías en las redes y otra es tener a los responsables de contener las tonterías convocando caceroleadas y dedicando un montón de horas del día a cuestionar a los gritos cada decisión que toma el gobierno. Los primeros son ciudadanos que, peor o mejor informados, más o menos ideologizados, pueden soltar cualquier opinión o comentario sin que eso provoque mayor impacto en la vida de nadie, ni siquiera en las suyas. Harina de otro costal es cuando quienes sí pueden afectar la vida de cientos de miles con lo que dicen, se comporten como cualquier mediocre hooligan de Internet. Aquí me refiero a esa parte de la dirigencia del Frente Amplio que se ha dedicado a bombardear cualquier cosa que haga el gobierno, con o sin pandemia. Por supuesto, también me refiero a Cabildo Abierto, que parece empeñado en jugar la carta populista del “gobierno opositor” y salir a retrucar por anticipado cualquier cosa que vaya a hacer o declarar el gobierno del que forma parte. Si le salió bien a Mujica, ¿porque no le iba a funcionar a Manini Ríos? Y, por supuesto, me refiero a la dirigencia del PIT-CNT, que para mostrarle sus morritos al gobierno democrático usa la herramienta que en Uruguay se usó para gritarle a una dictadura. ¿Qué tan perdido en tu nube de pedos ideológicos tenés que estar para usar esa herramienta, justo en medio de una pandemia global?

En las redes puede aparecer un señor random a decir cosas que contradigan la realidad, que choquen contra toda la evidencia disponible y no pasará de ser un burro de redes, uno más entre tantos otros. Ese lujo, sin embargo, no se lo pueden dar aquellos que se supone representan de la mejor manera posible nuestros intereses como colectivo. De ahí que crea que descalificar en bloque lo que se viene haciendo desde el gobierno en cuanto a la pandemia es un sinsentido y un gesto especialmente irresponsable en este momento. Es no entender que estamos ante otra clase de problema, que el juego ya cambió de pantalla y que si te dedicas a enloquecer a tu propio gobierno y al final logras tu objetivo (¿que sería cual?, ¿tirarlo y ponerte vos?) causás un vacío de poder increíblemente jodido para este momento increíblemente jodido.

Es verdad, la sociedad toda tiene derecho a intentar incidir en la agenda de políticas públicas. Pero en este instante no se están discutiendo las políticas públicas de los próximos años, sino las decisiones que va tomando un gobierno, día a día, en medio de una pandemia de dimensiones desconocidas, con un virus para el cual aún no existe vacuna y que se propaga a gran velocidad. No ver esa distancia deja en claro que no se entiende dónde estamos parados. Y que por eso se sigue apostando por la estrategia del cuanto peor, mejor. No, viejo, en este instante, en la semana que puede marcar el pico del contagio, cuanto peor es peor, deberías entenderlo ya.

Se le critica al gobierno que envíe mensajes contradictorios. Es cierto, a veces el ministro de Salud ha dicho cosas que chocaban con lo que otros miembros del Poder Ejecutivo decían. Lo irónico es que quienes señalan esas contradicciones (que son perfectamente atribuibles al vértigo de tener que dar respuestas en tiempo real en una realidad que cambia sin cesar) piden al mismo tiempo que se baje la recaudación del Estado y que ese mismo Estado proteja económicamente a la población, que es lo que habría de hacer en caso de optar por un cierre total de la economía. O mienten a cara de perro: mientras en Uruguay un grupo de “expertos de las redes” solicitaban que “de manera urgente e inmediata” se “decrete la cuarentena obligatoria como lo ha recomendado la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Sindicato Médico del Uruguay (SMU) y científicos del mundo”, el representante de la OMS en Chile decía que su organización no creía que fuera recomendable tal medida.

Por suerte, no todo el país está en esa línea de sabotaje suicida. Ni siquiera todo el Frente Amplio: Cristina Lustemberg fue la primera figura destacada de la izquierda que pidió confianza en las instituciones y en la gestión del gobierno. La mayoría de los ciudadanos respeta los exhortos de la autoridad competente y parece tener más claro que la dirigencia sindical qué es lo que se está jugando en este partido. Por suerte las instituciones y los técnicos del país entienden el problema tal cual es y no tal cual la ideología partidaria lo declara.

Así lo demuestran los jóvenes investigadores de la Universidad de la República y el Instituto Pasteur, que desarrollaron un test que permite aumentar la capacidad de hacer pruebas. Así lo demuestra el Hospital de Clínicas al anunciar que desde esta semana “cuenta con un equipo que permitirá analizar hasta 96 muestras en forma simultánea y en las condiciones de bioseguridad adecuadas” y que “una vez que se tengan los reactivos dicho equipamiento podrá procesar de 150 a 200 muestras por día con ayuda del personal”, recibiendo incluso pruebas de otras instituciones. Así lo demuestra la habilitación del Hospital Español como centro exclusivo para tratamiento del virus. También la coordinación con los hospitales de Salto y Tacuarembó con el mismo fin.

Por eso, ¿cuestionar lo que está haciendo el gobierno? Claro que sí, todo lo que haga falta, todo lo que pueda contribuir a mejorar esta situación complicada y extrema. Pero siempre desde el más estricto respeto a la institucionalidad. Si tenés un plan maravilloso con el que, estás seguro, puede mejorarse lo que se viene haciendo, ponelo al servicio del país en este momento tan delicado. Y ponelo al servicio siguiendo los canales institucionales que se tienen para ello, no a los cacerolazos.

Entonces, si querés contarle a los uruguayos tu plan, lo tenés que hacer teniendo claro que el gobierno no sos vos, sino el que democráticamente nos dimos. Y que es él quien fue puesto por la ciudadanía justo en ese lugar para tomar justo estas decisiones. Hace lo que creas que tenés que hacer, pero hacelo con sentido de estado y hasta de especie. Hacelo sin hacer política en el sentido mas chiquito y mezquino del término.

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