Fernando Amado. Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

El diputado Fernando Amado escribió un libro sobre la diversidad sexual en Uruguay y relata cómo las organizaciones se movieron en el Parlamento para que aprobaran su agenda

Información privada sobre legisladores fue usada por activistas para convencerlos de que votaran ley de matrimonio igualitario

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Nº2048 - al de 2019
escribe Daniel Lema
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Son las 10 de la mañana del miércoles 12 de diciembre de 2012. En la barra de la Cámara de Diputados donde se sienta el público, dos jóvenes gais activistas están esperando a que comience la sesión de ese día. Su tarea será mirar fijo a un diputado (casado y con hijos) con el que habían tenido una relación sentimental. Esperan que con su presencia y ese pasado que los une, el legislador deje de lado su oposición al proyecto de ley de matrimonio igualitario y vote a favor.

Ese no fue el único caso. En los días previos a esa discusión en la cámara baja, que meses después se trasladaría al Senado, pararse frente a legisladores con quienes habían tenido una relación o pedirles una reunión para recordarles el pasado con lujo de detalles fue parte de la estrategia de los activistas para convencer a quienes se oponían a un proyecto que terminó siendo aprobado con un amplio respaldo parlamentario.

Ese tipo de acciones, que constituyeron una especie de “espionaje”, fueron uno de los caminos adoptados por varias organizaciones que defendían el proyecto para asegurar el mayor respaldo posible a la norma.

La historia está contada en uno de los capítulos del libro La máscara de la diversidad. De la clandestinidad a la sobreexposición (Sudamericana), del diputado y politólogo Fernando Amado, que el lunes 2 comienza a distribuirse en librerías y a cuyo adelanto accedió Búsqueda.

En el capítulo 5, titulado Un plan fríamente calculado, Amado narra que en su investigación se encontró con un “verdadero descubrimiento” que lo “impactó”.

Los militantes de la causa recopilaron información sobre cada legislador y así se reunieron con ellos por afinidad, porque eran conocidos, por familiares o estudios en común, o por ser del mismo cuadro de fútbol. “La estrategia era servirse de la cercanía y buscar empatía con aquel a quien se iba a encarar para pedirle el voto por la ley”, escribió Amado.

El político y escritor afirma que durante el trabajo se dio cuenta de que estaba ante un “puzzle en el que las piezas encajaban a la perfección”.

“¿Cómo lograron tal coordinación, articulación y hasta infiltración y presión sobre parte del sistema político?”, se preguntó al iniciar la investigación. Tras sus hallazgos, a Amado le sorprendió cómo, luego de definir su objetivo, para las organizaciones activistas “el fin justificó casi todos los medios disponibles a su servicio, algunos de ellos por lo menos muy discutibles en lo ético”.

Según relata el legislador, debido a que él era favorable a varios de los proyectos vinculados a la agenda de derechos, no se percató de que estaban ante un “plan fríamente calculado”.

“¿Vos te crees que no estaba todo arreglado de antes?”, le dijo Federico Graña, hoy director del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) e integrante del Partido Comunista.

En 2009, relató Graña, hubo una reunión entre representantes de distintos movimientos sociales donde se acordó la agenda a impulsar durante el gobierno que José Mujica encabezaría a partir del año siguiente.

El orden de prioridad de las leyes que se proponían aprobar fue, en primer lugar, la despenalización del aborto; luego, el matrimonio entre personas del mismo sexo; en tercer lugar, acciones alternativas afro, y, finalmente, la legalización del autocultivo de cannabis.

El jerarca del Mides narró a Amado que todo fue “muy pensado” y “muy articulado”.

La politóloga Valeria Rubino, exlíder de la organización Ovejas Negras, que defiende la diversidad sexual, contó que hubo un “acuerdo tácito” respecto a que lo más importante era lograr la ley de despenalización del aborto. Es que era la “última chance” para aprobar una norma de ese tipo, ya que, de volver Tabaré Vázquez al gobierno en 2015, el proyecto no sería aprobado.

Luego de aprobada la norma en octubre de 2012, el oficialismo apuntó sus energías a la ley de matrimonio igualitario, que finalmente sería votada en mayo de 2013 en el Senado.

Los voceros de ese proyecto no fueron elegidos al azar, afirmó Graña. Uno fue un varón blanco que pudiera “manejarse con cierta solvencia en la retórica”, dijo, en referencia a él mismo. La segunda fue una mujer lesbiana rubia de ojos celestes (por Valeria Rubino) y, por último, la primera abogada transgénero de Uruguay, Michelle Suárez. “Todo muy pensado y calculado”, relató, porque “era fundamental la imagen: allí se jugaban muchas cosas”.

Foto: Santiago Mazzarovich/adhocFotos

El lobby y los métodos

En el libro, Amado destina algunas páginas a describir el lobby y los métodos que se utilizaron para que el proyecto fuera aprobado. En la Cámara de Diputados fue respaldado por 81 legisladores y en el Senado por 23.

Con Ovejas Negras a la cabeza, se desplegó una “estrategia de inteligencia antes que de artillería”, escribió Amado. “Fue una batalla no exenta de espías ni de intrigas, sustentadas en la consecución de su objetivo a como diera lugar, con límites borrosos”, agregó.

Relató algunas de las acciones desplegadas, como la de que personas que tuvieron relación con legisladores (casados y con hijos) estuvieran presentes en las barras del Senado y de Diputados.

Pero también hubo reuniones en los despachos de diputados y senadores. Por ejemplo, según relata el libro, previo a la votación en la cámara baja, un activista se reunió con un diputado del interior. Además de pedirle el voto, le recordó la aventura sexual que habían tenido en el “pueblo”, durante su juventud.

Con Ovejas Negras a la cabeza, se desplegó una “estrategia de inteligencia antes que de artillería”, escribió Amado. “Fue una batalla no exenta de espías ni de intrigas, sustentadas en la consecución de su objetivo a como diera lugar, con límites borrosos”, agregó.

Los militantes de la causa recopilaron información sobre cada legislador y así se reunieron con ellos por afinidad, porque eran conocidos, por familiares o estudios en común, o por ser del mismo cuadro de fútbol. “La estrategia era servirse de la cercanía y buscar empatía con aquel a quien se iba a encarar para pedirle el voto por la ley”, escribió Amado.

Pero, cuando no se conseguía el apoyo deseado, se recurrió a otro tipo de métodos. En el libro se describe una reunión en la que el activista le pidió el voto a un legislador: “Vos sabés que todos sabemos y, además, que has sido muy desprolijo en todos estos años y nunca nadie se ha aprovechado de eso, nunca. Es más, ¿te acordás, hace ya varios años, en un auto, por 18 de Julio, que un joven venía caminando y vos tocaste bocina, paraste el auto, bajaste la ventanilla y le ofreciste tener sexo a cambio de dinero? Ese gurí era yo. Está todo bien. Yo sería incapaz de prenderte fuego porque tengo códigos, de verdad. El tema es que hay una barra grande que no entendería que votaras otra cosa que el apoyo a la ley”. En el libro no se informa si finalmente ese legislador apoyó el texto.

“Jugaba mucho eso de tener información” y que era “el momento de usarla”, contó Rubino al autor. Las acciones que causaron efecto real fueron “las duras”, afirmó.

Graña, en tanto, dijo que además de recopilar información, fue relevante juntarse con representantes blancos y colorados con cierta afinidad “progresista” para lograr los votos. En ese grupo incluyó a Amado (entonces en el Partido Colorado), y a Beatriz Argimón, Federico Ricagni y Gonzalo Baroni, del Partido Nacional.

Además, Graña contó una conversación que mantuvo con el blanco Álvaro Delgado, que terminó votando el proyecto. La reunión se organizó por intermedio de la dirigente blanca Judith Varela, en un boliche gay, previo a la hora de apertura.

Amado concluye que las organizaciones jugaron al “límite” y que usaron el “miedo”. Los entrevistados para el libro se mostraron tranquilos, agregó, y transcribió una frase de Rubino: “No te voy a obligar a que salgas del clóset. Es un tema de cada uno. Ahora, ante una decisión como la que teníamos por delante como sociedad, lo que decidas te va a acompañar el resto de tu vida, con las (respectivas) consecuencias”.

De la oscuridad a la luz

Amado relata cómo las personas que se salen de la norma heterosexual pasaron de la “clandestinidad, el escarnio o la condición de enfermas, a gozar de una matriz legal de reconocimiento y protección social de las minorías sexuales, dotándolas de visibilidad”.

“Pasaron de la oscuridad a la luz”, escribió en el libro.

El autor recogió varios testimonios de personas famosas que salieron del clóset. Una de las historias es la de Ramiro Sendic, hijo del líder tupamaro Raúl Bebe Sendic y hermano del exvicepresidente Raúl Sendic.

El autor recogió varios testimonios de personas famosas que salieron del clóset. Una de las historias es la de Ramiro Sendic, hijo del líder tupamaro Raúl Bebe Sendic y hermano del exvicepresidente Raúl Sendic.

Sendic contó en el libro que era la primera vez que admitía públicamente que es gay. Dijo que fue en Cuba, a donde se exilió su familia debido a la dictadura uruguaya, donde tuvo sus historias homosexuales. En Cuba la homosexualidad era perseguida y, cuando retornó a Uruguay, la situación no era la mejor. “Había razias en los boliches gais”, contó. Su padre nunca supo su orientación. “Mi viejo era un penal, y yo también; es como genético. Aclaro que no soy un cagador, soy un laburante. Pero siempre me importó muy poco lo que pudieran decir de mí”, afirmó.

Como conclusión del libro, Amado afirma que hoy en día una parte “muy importante” de la sociedad uruguaya tolera el discurso de la diversidad sexual pero que, en el fondo, “no lo comparte”.

“Para cualquier tipo de situación conflictiva (…) ‘puto de mierda’ sigue siendo uno de los insultos más populares, como un reflejo que brota desde el interior, atribuyendo una connotación negativa a la homosexualidad”.

“Esta comunidad no tendrá sede ni puerta, pero por lo demás lo tiene todo: códigos, modos de ingreso, jerarquías, historia, palabras y lugares clave, rituales, y un conjunto de valores, experiencias vividas y sensaciones intransferibles que los hacen únicos”, escribió.

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