La agricultura en tiempos del coronavirus

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Nº2065 - al de 2020
por Gonzalo Gutiérrez

Como casi todos los uruguayos estoy haciendo cuarentena en mi casa tal cual mandan las autoridades nacionales. Nunca me imaginé que me tocaría vivir una tímida copia de lo que describe Albert Camus en su novela La peste, que es uno de mis libros de cabecera.

Para la producción de alimentos y para la agricultura en particular el Covid-19 es un inconveniente que no esperamos cause mayores disrupciones. Es más el daño que puede provocar una medida tomada con prisa por nuestros políticos que otra cosa.

Los cultivos agrícolas cuando están prontos se tienen que cosechar, las vacas se tienen que ordeñar dos veces al día y los fletes para el agro tienen que seguir funcionando. En ese sentido, los hombres y las mujeres del campo son tan héroes como los médicos y las enfermeras de los hospitales. Son los que logran la magia invisible de que tengamos el alimento en la mesa todos los días. Y se debería tomar nota que no piden ni subisidios, ni apoyos, ni nada, salen a poner el hombro con la mejor disposición, como todos los días.

La agricultura, salvo la producción de arroz que está en plena cosecha, tiene todavía algo de tiempo para que la actividad de cosecha se generalice. Estamos a un mes de que la trilla de soja empiece al firme y todos deseamos que para entonces los efectos de la cuarentena hayan dado los resultados que se esperan. Salvo que se obligue a la inmovilización total, la agricultura y la pecuaria van a ser los que devuelvan el movimiento al país. No hay que mentirse, el salir de este pozo va a costar tiempo y mucho esfuerzo porque no solo no estábamos preparados para este golpe sino porque veníamos de unos cuantos semestres muy difíciles y que las autoridades anteriores negaban persistentemente.

La crisis crediticia no es nueva para el sector agropecuario, que venía recuperando terreno luego de varias zafras complicadas. Ahora el problema ya no es solo el agro sino el resto de las actividades productivas que sufren el golpe y para el cual no tienen mucha defensa. En la medida que la agricultura se mueve, hay cadenas de pagos que funcionan y economías regionales que cobran vida. Eso no lo arregla todo, pero al menos es la esperanza que se genera comprando tiempo.

Tenemos a favor que los precios de las materias primas agropecuarias no han caído en proporción a otros activos financieros como el petróleo o las acciones. De hecho, los precios de referencia de la soja y el trigo han tenido una conducta interesante en esta última semana y eso es una noticia alentadora para el sector que tiene mejores posibilidades en cuanto a los precios. El futuro es incierto pero siempre las materias primas son una fuente de esperanza: la gente tiene que comer. Lo que pasó fue un parate del consumo, pero no se dañaron infraestructuras físicas y las cosas con tiempo se arreglan. China volverá a comprar trigo, soja y carne, lo mismo que Europa. Solo precisamos que las cosas no exploten, especialmente en Estados Unidos, y pasar lo peor de la pandemia cuidando nuestros escasos recursos y protegiendo a los más débiles.

La evolución del tipo de cambio hacia niveles donde nos deja más competitivos es también un gran alivio para la agricultura. No resuelve todos los problemas, pero al menos no nos lastra con un atraso cambiario insoportable. Es cierto que pagaremos un aumento en la inflación, pero nos permite arrancar de un mejor nivel la carrera para el 2020.

En lo personal, creo que será el campo, una vez más, el que saque al Uruguay del pozo en que se va a meter. Pozo sin duda que no lo generó por sí mismo, pero que lo agarra mal parado por la irresponsabilidad de las administraciones del Frente Amplio. De nada sirve un estado de bienestar si no se tiene los medios para soportar una crisis, porque el perjuicio es mucho peor. A mirar para adelante, hay muchas esperanzas en que de esto se sale con trabajo y con esfuerzo.

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