Elsa Capillera. Foto: Nicolás Der Agopián

Manini Ríos es el mejor representante de la tríada “patria, familia y religión”, dice Elsa Capillera, la diputada más votada de Cabildo Abierto en Montevideo

La ideología de género provoca “fragmentación” y “violencia”

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Nº2048 - al de 2019
entrevista de Juan Pablo Mosteiro

Es mediodía de domingo de elecciones y unos cuantos conductores que transitan por el corredor de la avenida General Flores interactúan con los militantes de la sede de Cabildo Abierto (CA), frente al regimiento Blandengues de Artigas. La mayoría toca bocina e insulta, o hace gestos ofensivos desde sus vehículos, y otros alientan al partido de Guido Manini Ríos. “En general nos gritan ‘milicos hijos de…’, ‘nazis’, ‘gorilas’, ‘asesinos’... y cosas por el estilo”, sonríe Elsa Capillera, que con un leve movimiento de manos le quita importancia al asunto y luego invita a pasar a su local, también centro de reunión vecinal del Cerrito de la Victoria, desde donde proyectó su candidatura hasta convertirse en la primera diputada electa por CA en Montevideo. En las paredes hay frases artiguistas, banderas y simbología patriótica, y una imagen del prócer José Artigas junto a un retrato del caudillo cabildante, entre cartelería que anuncia “la lista de Elsa”.

“Elsa” es el nombre repetido en loop que invitaba a conocer CA desde unos parlantes colocados en la esquina de Florida y Colonia en la tarde del 27 de octubre, cerca del Hotel Holiday Inn, donde Manini Ríos observó en un plasma cómo su partido se convertía en la cuarta fuerza política de Uruguay.

Capillera, la mujer del jingle, es una activista barrial y militante política de profundas convicciones católicas, nacida hace 48 años en Salto y criada en barrio Borro. Es la menor de 10 hermanos, con Secundaria incompleta y trabajadora desde la adolescencia; fue voluntaria del Mides y militante del Partido Nacional. Casada con un militar retirado, también “cabildante”, con quien tuvo dos hijos, uno de 11 años y otra de 25 —“aunque votante del Frente Amplio”, lamenta, sin perder la sonrisa—, fue empleada doméstica hasta marzo. Siete meses después se convirtió en la primera diputada electa por CA en la capital con más de 23.000 votos.

El 6 de abril, tres días después de proclamarse presidenciable, Manini Ríos hizo su primera recorrida y acto público en San Martín y Domingo Arena, donde más de 200 personas aplaudieron al militar recién retirado y estrenado en política. La mayoría de los asistentes fueron convocados por Capillera, exconvencional blanca y concejal del Municipio D, quien desencantada con la política se acercó en 2018 al diputado Carlos Iafigliola, por su vocación católica.

Al tiempo la sedujo el Partido Orden Republicano (POR), de extracción militar, hasta que Manini Ríos decidió lanzarse al ruedo político y se enroló a CA, al que aporta experiencia social, militancia política y también anclaje en las iglesias de la periferia. El ex comandante en jefe, asegura Capillera con perfecta dicción, es quien mejor representa la tríada “patria, familia y religión”.

Sigue un resumen de un diálogo de tres horas con Búsqueda.

—¿Imaginaba ser la diputada más votada de un partido nuevo que tiene el respaldo del 11% en las primarias?

—¡Nooo! Fue todo muy rápido. Pero lo importante es que ahora podemos hacer lo que veníamos haciendo solos, con mayor poder de decisión. Ahora no puedo ir al Ministerio de Vivienda o a la Intendencia como una vecina a quejarme porque no se hacen las cosas. Ahora puedo exigir explicaciones.

—¿Por qué se metió en política?

—Son circunstancias; siempre aparece alguien que dice: “Fulanita es colaboradora, trabaja mucho, mueve gente...”. Una no es consciente de esas cosas. Entré por el 2005... y en 2010 empecé a trabajar con Javier García (senador del Partido Nacional) hasta mayo de 2018. Dije que no iba a hacer más política porque en 10 años di todo y no tuve oportunidad de nada. Y uno espera que haya un reconocimiento, por más que aún me suena raro que me digan “diputada”, como me llaman por ahí: “La señora diputada...”. (Ríe)

"Hay 2.000 personas en la calle y vos te ponés a hablar con ellos y muchos son muchachos bien. Necesitan trabajar su autoestima, salir de la esquina, ponerles un taller de tres meses para aprender oficios en lugar de enseñarles a tocar el tambor".

—Va a tener que acostumbrarse...

—Es que yo me crie en el asentamiento y ahí tengo un montón de gente que me quiere y me sigue. Si yo digo “a la China”, a la China van conmigo; nunca un “pero...”. Y ahí, en noviembre, mis vecinos me dijeron que había un partido de exmilitares (el POR) pero que necesitaban un líder. Y en eso, a principios de abril, aparecen en casa el coronel (Hugo) Arce y (Eduardo) Radaelli, entre otros, a proponerme lo de Manini. Y me pareció sincera la invitación.

—¿Ya conocía a Manini?

—Personalmente no; para nada. Por supuesto lo había escuchado hablar cuando era comandante en jefe sobre los Ni-Ni (que el Ejército capacite a jóvenes que no estudian ni trabajan), lo cual me pareció fabuloso; porque una que vive ahí sabe que es necesario solucionar ese problema. Aunque parezca tonto, hay chiquilines que no tienen una maquinilla para afeitarse; algunos van a la iglesia del barrio (Casavalle) y no tienen nociones básicas de presentación y de aseo, los echan de todas partes, viven dentro de la ley del más fuerte, y solo necesitan un empujón para salir adelante. Por eso la idea sobre los Ni-Ni me encantó.

—¿Reflotará esa idea en el Parlamento?

—Sí, me gustaría. Y no solo por los Ni-Ni, sino por todos aquellos que no tienen oportunidades y necesitan herramientas, acompañamiento. Hay 2.000 personas en la calle y vos te ponés a hablar con ellos y muchos son muchachos bien. Necesitan trabajar su autoestima, salir de la esquina, ponerles un taller de tres meses para aprender oficios en lugar de enseñarles a tocar el tambor.

—Para eso hay que invertir más en políticas de asistencia...

—No hay otra. Pero no es más asistencialismo: se trata de que puedan estudiar y trabajar. No darles dinero a cambio de nada para que estén sentadas todo el día en su casa.

—¿Cómo fue entonces su primer contacto con Manini?

—Me dijo: “Tengo muy buenas referencias suyas”. Y ahí me puse en contacto con la gente y fuimos los que inauguramos más cabildos. Siete: Borro, Casavalle, Manga, Punta de Rieles, La Teja, el Cerro y Villa Sarandí.

—CA votó muy bien allí donde históricamente el Frente Amplio era muy fuerte. ¿Cómo explica eso?

—Va mucho en la persona, en que confíen en vos; en que cuando vos estuviste en algún lugar hiciste algo por la gente. Como presidenta de la comisión barrial ayudé a regularizar un barrio, a crear un centro cultural, a juntar firmas para que pase un ómnibus... Si la gente confía en vos, eso pesa más que una bandera. “Es por vos”, nos dicen muchos exfrentamplistas, en su mayoría exvotantes del MPP, algunos sindicalistas...

"Mi mayor crítica es la falta de control de los recursos del Estado. Faltó control en la mayoría de los entes y dependencias públicas; eso se les fue de las manos, y siguió pesando el amiguismo a todos los niveles; por no hablar de la inseguridad..."

—¿Hizo todo mal el Frente Amplio?

—Obviamente no, y lo que está bien está bien: el Plan Ceibal, mucha gente salió de la pobreza, aunque otra sigue igual... Mi mayor crítica es la falta de control de los recursos del Estado. Faltó control en la mayoría de los entes y dependencias públicas; eso se les fue de las manos, y siguió pesando el amiguismo a todos los niveles; por no hablar de la inseguridad...

—¿Cuáles son sus metas como legisladora?

—Atender toda el área social, las poblaciones excluidas, y vivienda, por las regularizaciones de los barrios. Falta mucha voluntad para hacer cosas. Yo quiero cambios que sean visibles, no ir a calentar asiento al Parlamento. Nosotros por ejemplo tenemos las calles sin asfaltar y sin luz porque según la Intendencia no hay plata para las lámparas... Entonces nuestra seguridad pasa por poner tubos de luz o por la canalización de la cañada. También quisiera recuperar a cinco personas de la calle que quieran rehabilitarse, aunque eso no tenga un impacto social tan visible.

—¿CA es un partido militar?

—No. Si bien tenemos mucho militar retirado militante, la mayoría de la gente no lo es y no tiene una identificación corporativa. Tampoco existe una línea de mando; yo tengo independencia total para hacer y nunca pedí permiso para nada hasta hoy. Los representantes de CA tenemos perfiles muy distintos, y no es justo juzgar a todos por algunos.

—Usted se define catequista en un video institucional. ¿Qué significa eso en el siglo XXI?

—Una es catequista las 24 horas del día; es una forma de ser, de actuar. Como dice aquí (señala un cuaderno donde registra hechos e ideas): “Somos lo que hacemos” y “el que más tiene es quien más da”. Es obrar de acuerdo a lo que uno es, ser coherente. Yo, por ejemplo, sonrío mucho porque si creemos en la salvación tenemos que poner cara de salvados (ríe). No es que una no tenga problemas. Yo estoy sin trabajo desde marzo.

—Pero pronto tendrá uno bien pago...

—(Ríe). Sí, pero también tengo deudas y cuentas atrasadas como todo el mundo... Pero más allá de eso están mis convicciones; mi credibilidad vale más que esos 200 mil pesos. El dinero no es lo que me lleva ahí. Elsa no se vende por nada.

—La Iglesia católica ha perdido fuerza en los barrios más pobres. ¿Cómo lo explica usted?

—¿Sabés qué pasa? Que se perdió acción. Antes se terminaba la misa y seguía la relación en las casas y en las calles. Hoy no salimos de la misa, perdimos trabajo en territorio y eso cuesta revertir.

"Si bien tenemos mucho militar retirado militante, la mayoría de la gente no lo es y no tiene una identificación corporativa. Tampoco existe una línea de mando; yo tengo independencia total para hacer y nunca pedí permiso para nada hasta hoy".

—¿Está de acuerdo con extender la experiencia de liceos gratuitos de gestión privada en Casavalle?

—Los liceos como el Jubilar e Impulso funcionan; son experiencias exitosas. Pero yo no quiero más liceos en Casavalle, porque los niños pasan toda la vida ahí, desde la escuela al liceo, y salen con 18 años de Casavalle. No se integran a otros barrios, no conocen a otros chiquilines de otros entornos económicos y sociales.

—¿Qué opinión tiene sobre las guías de educación sexual en los centros educativos?

—No estoy de acuerdo. Son demasiado explícitas. Nosotros en casa hablamos y les explicamos todo a nuestros hijos, de la mejor manera posible. Pero no es que les enseñen cómo masturbarse. ¡Eso no…! La escuela no es el ámbito para eso. Yo quiero una educación para mi hijo con otros valores. Por eso, entre otras razones, envío a mi hijo a un colegio privado.

—Usted tuiteó el 2 de octubre: “Este gobierno nos quiere vender la cultura de nacer y crecer sin identidad, sin un arraigo (ideología de género). Peligrosísimo!! El sentido de pertenencia y la identidad son necesidades del ser humano, no debemos permitir que se nos arranquen ni que se les inculque nada de esto” (sic). ¿Qué quiso decir con eso?

—Que nacés nena o varón, no que a los cinco años te digan: “Mirá que no sé si sos nena o varón”. La principal crítica es que la ideología de género provoca la fragmentación de la familia y de la sociedad, y esa división también genera violencia. Y entonces empiezan el padre y la madre a pelear por la educación de su hijo.

Elsa Capillera
Foto: Nicolás Der Agopián

—¿Cuál es su posición sobre el aborto?

—Estoy en contra, por convicción religiosa y porque después que una es madre sabe que tiene a una personita ahí adentro desde que tiene un día. No hay discusión de eso, aunque hay situaciones ya contempladas como en los casos de violación.

—¿Planteará su revisión?

—No. Habría que hacer mucho estudio; igual una no puede hablar así a la ligera.

—¿Cree como Martín Sodano, también diputado de CA, que hay quienes lo practican como medida anticonceptiva?

—¡Nooo...! De ninguna manera. Claro que no.

"La principal crítica es que la ideología de género provoca la fragmentación de la familia y de la sociedad, y esa división también genera violencia. Y entonces empiezan el padre y la madre a pelear por la educación de su hijo".

—Pero, por ejemplo, en casos de descuidos o rotura del preservativo, ¿qué recomienda hacer?

—No sabría decirle.

—¿Qué opina sobre la ley trans?

—No leí mucho la ley, pero creo que hay que respetar al otro, por más que esté mal que a un niño con tres años le cambien la cédula cuando a esa edad no tiene ningún poder de decisión, ni sabe siquiera de quién es. Pero después tenemos todos derechos y somos todos iguales. Es como cuando querían hacer la policlínica para los afro, ¿por qué hacer una policlínica para los afros si somos todos iguales? Pero yo igual respeto a todos.

—¿Cree que Manini es el líder político que mejor representa la idea de patria-familia-religión?

—(Piensa unos segundos) Sí... La patria, por el lado de la defensa del ideario y principios artiguistas; la familia, por los valores tradicionales de esa institución, y la religión, por su convicción católica; aunque aclaro que muchos votantes de CA tienen otras opciones. Pero sí, son esos los valores.

—¿Está a favor de la cuota política para las mujeres?

—Me van a matar las mujeres, pero no estoy del todo de acuerdo. Hoy no me sentiría tan bien si hubiera llegado al Parlamento con votos de mis compañeros. No quiere decir que esté mal, pero prefiero que sea por los méritos o capacidades propias que te ganaste un espacio y no achicarte, aunque seas de un barrio humilde como yo. Y lo mío fue casi todo por el boca a boca y las redes sociales, que manejo yo, porque no quiero salir de mi línea y siempre llevaré la camiseta de Casavalle puesta. Así que ya saben con quién se van a encontrar en el Parlamento. (Sonríe)

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