Ya son 15 las familias que se contactaron con el Registro y Búsqueda de Personas Ausentes para otorgar su ADN. Foto: Ministerio del Interior

La nueva base de datos es un “avance fundamental” para casos complejos de desaparecidos

La Policía crea un banco genético con familiares de personas ausentes para intentar encontrar a las 500 que hay en el país

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Nº2036 - al de Septiembre de 2019
escribe Juan Pittaluga

En la sede de la Policía Científica hay una pila de datos sobre restos humanos sin identificar, información sobre huesos y cuerpos en avanzado estado de descomposición que nadie se ha presentado a reconocer. Se encuentran, se traen y se les extraen sus perfiles genéticos para cargarlos digitalmente, aunque no se sabe aún a quiénes corresponden. En la sede de Crimen Organizado también hay una situación parecida: se acumulan archivos y cientos de carpetas sobre personas ausentes cuyo posible paradero se investiga todos los días, pero todavía se desconoce. Desde julio, ambas dependencias del Ministerio del Interior comenzaron a trabajar juntas para mutuamente intentar reducir ese bagaje de información al solucionar casos que parecen imposibles, alguno de los cuales llevan décadas sin aclararse.

“Finalmente podemos comparar un montón de restos humanos desconocidos con un banco de datos sobre familiares de personas ausentes que acabamos de crear”, dice a Búsqueda Natalia Sandberg, encargada del Registro Nacional de Huellas Genéticas que funciona en la órbita de la Policía Científica.

La principal función de este laboratorio es resolver “hechos que sean objeto de una investigación criminal”, según establece la Ley 18.849 de 2011 que lo creó. En un sistema instalado por el FBI y llamado Codis (Combined DNA Index System), el laboratorio almacena información asociada a las huellas genéticas digitalizadas de todas las personas imputadas en un proceso penal. Es una base de datos sobre procesados con o sin prisión o procesados por el Juzgado de faltas, que están obligados legalmente a prestar su ADN. Cuando sucede un delito la Policía Científica confronta electrónicamente las pruebas biológicas (sangre, semen, saliva, sudor u otro fluido corporal) que recoge en la escena del hecho con esta base de datos y averigua si cotejan con alguno de sus sospechosos.

La Policía considera que una persona está ausente cuando desaparece físicamente del lugar en que vive o se desenvuelve habitualmente sin haber informado de su intención de hacerlo.

Pero la Ley 18.849 también señala que uno de los cometidos del Registro Nacional de Huellas Genéticas es contribuir a rastrear el paradero de personas desaparecidas, un objetivo que empezó a cumplirse desde julio cuando el laboratorio sumó otra segunda base de datos: un banco genético de familiares de personas ausentes con el que busca encontrar a las más de 500 que hay en el país.

La posibilidad surgió luego de un acuerdo con la Dirección General de Lucha contra el Crimen Organizado e Interpol, donde funciona el Registro y Búsqueda de Personas Ausentes. Hasta julio los familiares de personas que están desaparecidas solo podían dar su ADN autorizadas por los jueces que llevan adelante los casos, a instancias de las investigaciones policiales que consideraran necesario comparar pruebas con un ADN similar al de las personas ausentes. Ahora, a través del Registro y Búsqueda de Personas Ausentes, los familiares pueden voluntariamente ceder una muestra de ADN a la Policía Científica.

“Con el acuerdo nosotros solamente recibimos a los familiares para tomar la muestra. Luego la vamos a comparar con los datos de restos humanos que tenemos sin identificar. En el caso de que haya una coincidencia, nos va a saltar en el sistema y se lo comunicaremos a Crimen Organizado, que se lo comunicará a los familiares y a la Fiscalía”, explicó Sandberg.

Gracias a la base de datos de la población procesada, el laboratorio que Sandberg dirige resolvió 520 de 1.350 casos criminales que están sin resolver desde el 2000, muchos de ellos homicidios y violaciones. En el país no existen referencias sobre el mismo trabajo aplicado a las personas ausentes, por lo cual Sandberg es cauta para dar cifras. “No sabemos el impacto que esto va a tener. Sí sabemos que será algo muy bueno porque es una nueva herramienta con la que no contábamos”.

Complejos

La Policía considera que una persona está ausente cuando desaparece físicamente del lugar en que vive o se desenvuelve habitualmente sin haber informado de su intención de hacerlo. Es la definición que le transmite a todas las seccionales del país el Registro y Búsqueda de Personas Ausentes, que funciona desde 2004 encargado de investigar el paradero de las personas desaparecidas.

Contrario a la creencia popular, en Uruguay se puede denunciar a una persona como desaparecida sin esperar 24 horas. Cualquier seccional recibe la denuncia y la deriva al Registro y Búsqueda de Personas Ausentes, que la verifica con indicios evidentes para catalogarla efectivamente como persona ausente; en muchos casos se trata de mayores de edad que se marchan voluntariamente o vuelven más tarde de lo previsto a su hogar.

Contrario a la creencia popular, en Uruguay se puede denunciar a una persona como desaparecida sin esperar 24 horas.

Según información brindada a Búsqueda por esta dependencia, en lo que va del año hubo 2.500 denuncias por personas ausentes, un número que de acuerdo a la Policía aumenta anualmente por la facilidad que hoy tiene la población para denunciar. Del total, alrededor de un 90% se solucionó de manera relativamente sencilla, al ser situaciones relacionadas con problemas familiares o de convivencia. El resto son casos definidos como “complejos”, cuyas líneas de investigación incluyen la trata, tráfico o explotación de personas, suicidios, homicidios, o personas que se fueron y se esfuerzan por no ser encontradas.

En su sitio oficial el Ministerio del Interior tiene un archivo público con 194 personas que permanecen desaparecidas, una de ellas desde hace más de 40 años. Se trata de Tabaré López Gallo, un hombre que desapareció a fines de 1981, cuando tenía 61 años, y cuyo rasgo más descriptivo son dos dientes de oro. En el archivo también se encuentran casos más recientes y divulgados públicamente como el de José Ignacio Susaeta, que desapareció a los 23 años en enero de 2015, luego de irse en auto de su casa, supuestamente a visitar a un amigo. En todas las situaciones son individuos cuyos familiares autorizaron que se hagan públicas sus fotografías y datos, que incluyen la edad al momento de la desaparición, el último lugar en el que se los vio y detalles físicos como cicatrices, tatuajes, marcas, quemaduras y lunares. Si a esos 194 se suman las personas ausentes cuya información no está autorizada a ser divulgada, hay actualmente en Uruguay alrededor de 500 personas ausentes.

Del total, en cuanto al sexo hay una leve tendencia de mayoría hombres y respecto a la edad son mayoría adolescentes. Las investigaciones son silenciosas pero continuas, más allá del tiempo que haya pasado; involucran a policías ejecutivos, analistas y psicólogos que intentan contener a las familias. En contadas situaciones se tomó como insumo los aportes que videntes hicieron a las familias, pero en el Registro y Búsqueda de Personas Ausentes aseguran que ningún caso logró solucionarse con ese tipo de información.

En lo que va del año hubo 2.500 denuncias por personas ausentes, un número que de acuerdo a la Policía aumenta anualmente por la facilidad que hoy tiene la población para denunciar. Del total, alrededor de un 90% se solucionó de manera relativamente sencilla.

Sus integrantes confían ahora en que varios de los expedientes que se acumulan puedan empezar a aclararse con la nueva base de datos que funciona en la Policía Científica. Como cara visible en la relación con las víctimas, ellos les informarán a los familiares de personas ausentes que desde ahora están habilitados a donar gratuita y voluntariamente su muestra de ADN. Para hacerlo es preferible que compartan un vínculo de hasta primera línea de consanguinidad (padre, madre, hijos/as) y es necesario que la ausencia sea de más de tres meses. Ese período de tiempo se estableció porque muchos hechos suelen solucionarse antes de los tres meses y porque la Policía consideró “prudente” limitar la posibilidad de tomar muestras, que le significa un costo cada una de US$ 70.

Además de ADN, se aceptará en casos recientes una muestra de referencia directa de la persona ausente, como cepillo de dientes, máquina de afeitar, de depilar, pipas, bombillas, colillas de cigarrillos, ropa íntima usada y que no haya sido lavada, muestras médicas, entre otras. “Nosotros damos la chance de que si desaparece alguien y quedó una colilla de cigarrillo, pueda traerla. Un objeto de referencia del cual se pueda obtener su perfil genético íntegro, porque siempre es mejor que el vínculo de consanguinidad”, indicó Sandberg.

Por ahora ya son 15 las familias que se contactaron con el Registro y Búsqueda de Personas Ausentes para otorgar su ADN. En Policía Científica piensan que la nueva base de datos es un “avance fundamental” para casos complejos de desaparecidos cuya respuesta puede estar afuera de Uruguay. “Además de nuestro trabajo con restos sin identificar en nuestro país, vía Crimen Organizado enviaremos los perfiles genéticos de los familiares a la base internacional de Interpol”, señaló Sandberg.

“Interpol tiene datos de restos sin identificar a nivel mundial, datos de personas procesadas a nivel mundial... Puede suceder que alguien haya desaparecido en Uruguay y por determinada razón sea procesada en otro país. Una persona no tiene por qué estar muerta para ser encontrada. De hecho al día de hoy Interpol nos manda continuamente perfiles genéticos de familiares de personas desaparecidas para confrontar con nuestra base de datos criminal. Ahora nosotros haríamos la inversa”.

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