Talvi, Mieres, Lacalle Pou y Martínez en la sede de la masonería . Foto: Nicolás Der Agopián

Los candidatos presidenciales hablan de sus hábitos, de sus preferencias culturales y de nuestras virtudes y defectos

No fuman, no beben y no se drogan, pero...

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Nº2037 - al de Septiembre de 2019
Eduardo Alvariza

Ya sean más o menos capitalistas o más o menos comunistas, liberales a ultranza (con o sin formación militar), ecologistas armados o con tendencia digital, todos los presidenciables que contestaron las preguntas de Búsqueda coincidieron en un punto: jamás le hicieron bullying a nadie, ni en la escuela, ni en el liceo, ni en la universidad ni en la vida. Incluso alguno confesó, como Gonzalo Abella, de Asamblea Popular, haber sido él mismo víctima de burlas debido a sus reiteradas distracciones en clase, aunque se lo tomaba con humor. También dijo haber sufrido “bastantito” bullying César Vega, del Partido Ecologista Radical Intransigente, aunque podría tratase de un “bastantito” bullying de su parte hacia los demás, porque era una pregunta doble: si fue víctima o si lo practicaba con los otros. Las respuestas extremadamente austeras a veces son difíciles de desentrañar. Algo parecido sucede con el blanco Luis Lacalle Pou. Su respuesta fue “en esa época no existía el bullying como tal”, con lo cual la especulación queda abierta. Por su parte, Daniel Goldman, del Partido Digital, se colocó a la vanguardia de lo políticamente correcto al declarar que sufría por el acoso que le hacían a los “otres chiques”.

Todos declararon haber sido buenos o muy buenos estudiantes, con excepción de Lacalle Pou (“promedio”, fue su respuesta) y del colorado Ernesto Talvi, quien confesó tirar más para el lado de los deportes y la diversión con amigos, hasta llegar a la universidad. Aplicados o inquietos, estos niños de la clase decidieron, al ser mayores, administrar los dineros públicos.

Todos declararon haber sido buenos o muy buenos estudiantes, con excepción de Lacalle Pou (“promedio”, fue su respuesta) y del colorado Ernesto Talvi, quien confesó tirar más para el lado de los deportes y la diversión con amigos, hasta llegar a la universidad

En cuanto al cuidado físico y estético, los candidatos se consideran en general presentables, aunque no parecen darle demasiada importancia a su propia imagen. Talvi les lleva varios cuerpos por delante a sus competidores con sus “40 piscinas diarias”. Están los que caminan o corren o andan en bicicleta o se hacen chequeos médicos, como Pablo Mieres, del Partido Independiente. O intentan comer sano, como Abella (“pero es caro”, aclara). Rafael Fernández, del Partido de los Trabajadores, reconoce no hacer suficiente ejercicio. Así no llegará nunca a ser presidente, señor.

Nuestros candidatos no beben alcohol o lo hacen muy moderadamente. Algo de vino, declaró el frenteamplista Daniel Martínez. Ocasionalmente un whisky, dijo Guido Manini Ríos, de Cabildo Abierto. Y odian las drogas, aunque alguno confesó haberlas consumido de joven (Lacalle Pou). Está bien: nadie quiere presidentes borrachos ni drogados manejando los bienes públicos; ya sobrios son un problema la mayoría de las veces. Ahora, si hablamos de convivencia en el llano o en reuniones de camaradería, lejos de los oropeles diplomáticos y las normas de etiqueta, estos candidatos no pintan ser muy divertidos. Abella probó una vez ayahuasca y dice que jamás lo repetirá. Tiene razón: es un poco pesada como droga social. Y Goldman se vuelve a colocar a la vanguardia, esta vez, del mundo drogotón: aclara que si le “ofrecen una seca en ambiente adecuado”, no diría que no.

Veranean en Canelones, como Fernández (Costa de Oro), Abella (Salinas) y Gustavo Salle (Parque del Plata), candidato a la presidencia por el Partido Verde Animalista. Algunos lo hacen en Maldonado (Piriápolis para Mieres y San Francisco para Martínez) y otros en Rocha, como Talvi y Lacalle Pou (La Paloma) y Manini Ríos (Santa Teresa), que por lo visto es el que geográficamente llega más lejos. Y también los hay que veranean en el campo, como Vega. Por lo general, todos dicen ser buenos lectores.

Las respuestas son muy variadas en cuanto a las virtudes y los defectos de los uruguayos. Mieres resalta como un valor republicano la “igualdad o equidad”, pero al mismo tiempo considera que un defecto o contracara de esa virtud es la dificultad de reconocer el éxito ajeno, la “igualación hacia abajo que muchas veces se convierte en un obstáculo para crecer”.

La “melancolía exagerada” sería un gran defecto nacional, según Lacalle Pou, y la “solidaridad y amabilidad” dos de sus virtudes.

Martínez ve con buenos ojos nuestra “generosidad”, pero le preocupa “la falta de emprendedurismo y el exceso de crítica”.

Abella y Vega parecen encontrar en el defecto también la virtud. Para el primero, un problema es la “desesperanza” de los uruguayos, pero ve como una salida “el rescoldo de esperanza oculto bajo una capa de escepticismo”. El segundo, apunta como un defecto la falta de solidaridad y como una virtud la solidaridad. En estas cuestiones circulares también anda Talvi: “Los uruguayos no nos la creemos, eso es una virtud. Y no creemos en nuestra potencialidad. Eso es un defecto”.

Extraña y con sobrado punch es la opinión de Salle al respecto: el uruguayo “es un pueblo lamentablemente muy desinformado”, cuya virtud es ser “relativamente pacífico”. Así comenzaría la novela: Hace mucho tiempo, en un pueblo lamentablemente desinformado y relativamente pacífico…

Entre las actividades culturales y recreativas, además de la lectura, se han señalado el cine, el teatro, la música, el ballet, los paseos al aire libre, los juegos de mesa familiares, la conversación con amigos y el fútbol, que es más o menos lo que todos en estas latitudes hacemos. Nadie ha elegido la pesca o leer los diarios en un café como parte de las actividades, hábitos que ya suenan decimonónicos.

Sí hay considerables diferencias en cuanto a las cuatro figuras de la cultura nacional que destacarían. El más nombrado: Alfredo Zitarrosa.

Para Fernández son Florencio Sánchez, Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti y Felisberto Hernández.

Para Abella son Artigas, Larrañaga, Osiris Rodríguez Castillos y Zitarrosa.

Martínez prefiere a Mario Benedetti, Circe Maia, Atahualpa Del Cioppo y Juana de Ibarbourou.

Extraña y con sobrado punch es la opinión de Salle al respecto: el uruguayo “es un pueblo lamentablemente muy desinformado”, cuya virtud es ser “relativamente pacífico”. Así comenzaría la novela: Hace mucho tiempo, en un pueblo lamentablemente desinformado y relativamente pacífico…

Lacalle Pou elige solo músicos: Zitarrosa, Larbanois & Carrero, Santiago Chalar.

Mieres a Carlos Real de Azúa, Carlos Quijano, Joaquín Torres García y Zitarrosa. Incluye una quinta figura: Jaime Roos.

Talvi opta por los plásticos Eduardo Cardozo e Ignacio Iturria, La Vela Puerca y Benedetti.

Manini Ríos destaca a Francisco Bauzá, a José Enrique Rodó, a Juana de Ibarbourou y a Julio Sosa. Es el único presidenciable en rescatar una figura tanguera.

Salle menciona a Artigas, Batlle y Ordóñez y Saravia (regala el cuarto lugar), Vega no responde la pregunta y Goldman resalta al murguista Rafael Antognazza, a Jorge Drexler y a Julio Cortázar, a quien por lo visto considera uruguayo.

Gardel quedó afuera de todas las listas.

Nuestros candidatos eligen sus películas: Tierra y libertad (Fernández), Avatar (Abella), Cinema Paradiso (Talvi), Queimada (Martínez), Perfume de mujer (Lacalle Pou), El planeta de los simios (“piré”, dijo Goldman) y La sociedad de los poetas muertos (Mieres). Manini Ríos es el más cinéfilo: Dr. Zhivago, Barry Lyndon y Apocalipto.

La fiesta cultural la cerramos con música. Fernández elige como la canción que lo representa La Internacional e Imagine, de John Lennon, que es una Internacional del tipo frutillitas. Goldman Solo le pido a Dios, cantada por Mercedes Sosa. Mieres va por A redoblar y Manini Ríos por Stephanie, de Zitarrosa y Libre, de Nino Bravo. Martínez se emociona con Si me voy antes que vos y Talvi con Father & Son, de Cat Stevens. En una reunión normal alguien diría: “Bo, pongan algo más pa’arriba”. Y allí entra Lacalle Pou con “cualquier canción de Sumo”.

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