Foto: Santiago Mazzarovich/adhocFotos

Productores de 20 países reclaman protección estatal al sector cultural

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Nº2065 - al de 2020

La Red Eurolatinoamericana de Artes Escénicas, entidad que nuclea a decenas de agentes vinculados al escenario de Europa y Latinoamérica, exhortó “a todos los gobiernos del mundo”, ante la crisis desatada por la pandemia de Covid-19, “a no olvidarse de los trabajadores de la cultura”, y les demanda “no dejarlos caer”. Este grupo, fundado en 2013 e integrado por productores de teatro, danza, música, circo, títeres y otras manifestaciones del escenario, además de programadores de festivales, ferias y mercados y directores de salas, pide que los gobiernos garanticen a los artistas “una base de ingresos que permita en tiempos tan duros su subsistencia”.

El comunicado, firmado por una veintena de gestores culturales, entre ellos los uruguayos Gustavo Zidán, director de Sala Verdi y miembro fundador de la Red, y Pierino Zorzini como representante de El Galpón, da cuenta de las innumerables suspensiones y postergaciones de espectáculos en cartel y programados para estas semanas que tuvieron lugar en todos los países afectados por la crisis sanitaria. “Sin primar ningún tipo de matiz, las medidas dejaron en tabula rasa la programación de espectáculos en cientos de ciudades del planeta. La decisión va en la dirección correcta respecto a la lucha prioritaria: defender la vida de las personas, nada más valioso que la vida. Ahora bien, tampoco es novedad afirmar que, salvo excepciones, la actividad cultural no forma parte de las prioridades de nuestros estados”, expresan los productores. Y agregan, en tono de reclamo: “La relevancia de la cultura en las decisiones gubernamentales se evidencia sistemáticamente en los magros presupuestos asignados”.

La carta profundiza en la realidad continental, signada por la informalidad laboral del sector artístico. “En continentes como Latinoamérica a esta escasez de recursos se le suma un porcentaje alto de trabajadores asociados a la actividad cultural y artística que ni siquiera están formalizados, que no aplican ni están amparados bajo ningún régimen de seguridad social. Trabajadores que generan sus ingresos para vivir con la habilidad de un prestidigitador, un enigmático milagro. Porque es bueno recordar que los y las artistas, las y los creadores también tienen que comer, pagar el alquiler de un techo, tener asistencia de salud, educar a sus hijos. Generar esos recursos es batallar el día a día para subsistir, y en algunos casos esa pelea no cesa hasta el último suspiro de sus vidas”.

Finalmente, los gestores culturales hacen un llamado a la reflexión sobre el lugar protagónico del arte y la cultura en la sociedad: “Este parate obligatorio de la actividad cultural desencadena y expone otro estado de alerta: la subsistencia de sus hacedores. Estos días de encierro no se sostienen sin amor, sin empatía, sin pan, pero tampoco sin cultura, sin arte, sin música, sin cine, sin libros. La reacción tiene que ser ya, no hay tiempo para perder”.

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