Brézhnev y Honecker, el beso comunista en el muro. Foto: AFP

A 30 años de la caída del Muro de Berlín

Visa y pasaporte al día

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Nº2045 - al de Noviembre de 2019
Eduardo Alvariza

La humanidad siempre ha construido y derribado muros. Algunos, como la Muralla China, son apreciados antes que nada como un patrimonio arquitectónico. Otros, como el Muro de Berlín, que este sábado 9 de noviembre cumple 30 años de su caída, fueron una tajante frontera entre dos mundos irreconciliables.

El cine ha dado cuenta de algunos ejemplos importantes de este último caso. Se comenzó a construir cuando Billy Wilder rodaba en Berlín la comedia Uno, dos, tres (1961) y tuvo historias policiales densas, típicas de la Guerra Fría en los 60 como Funeral en Berlín y El espía que vino del frío. En los últimos tiempos, las películas que remiten de un modo y otro al Muro son Alas del deseo (1987, Wim Wenders), Good Bye, Lenin! (2003, Wolfgang Becker), La vida de los otros (2006, de Florian Henckel von Donnersmarck) y Puente de espías (2015), de Steven Spielberg. Desde este jueves 7 Cinemateca exhibe Gundermann (Alemania, 2018, Andreas Dresen), sobre el conductor de excavadoras y estrella de rock —y también espía de la Stasi— Gerhard Gundermann, una figura emblemática y compleja de la Alemania comunista.

 

Pero lo más ilustrativo de qué fue exactamente lo ocurrido ese 9 de noviembre está en el documental en tres partes La nota de Schabowski (2009), que por estos días emite la Deutsche Welle en su sección Zona Docu. A veces, la burocracia de zurcido invisible y los errores no forzados también juegan un rol importante en los sucesos históricos.

La mañana del 8 de noviembre de 1989 la Stasi detecta con preocupación un mástil de la TV de EE.UU. en el lado occidental de la Puerta de Brandeburgo. La gente en la RDA ya mostraba su profundo y frontal descontento con el gobierno comunista mediante enfrentamientos con la policía y por la mera presencia de velas en las ventanas de las casas. “Cada vez había más velas”, recuerda un ciudadano.

El 9 de noviembre, el funcionario de la RDA Gerhard Lauter redacta desde la Oficina de Pasaportes y Empadronamiento una nueva norma que implica que todos los ciudadanos de Alemania comunista podrán salir del país presentando pasaporte y visa, nada más. Y en cualquier punto fronterizo. Su secretaria toma nota y un cadete la lleva al Politburó.

Günter Schabowski, pez gordo del partido y el que tiene la función de dar la cara ante la gente, recoge esa nota —que quizás no leyó, o la leyó y no la comprendió bien, o se hizo el gil, porque la nota pasó por el Politburó, no había forma de que no ocurriera— y la coloca en su carpeta junto al resto de los papeles. Esa tarde dará una conferencia de prensa como tantas otras, donde no se dirá nada.

A todo esto, en el paso fronterizo de la calle Bornholmer, en la RDA, el teniente coronel Harald Jäger desarrolla su rutina: escucha la radio oficial, almuerza salchicha con pan y ve la tele (oficial).

A la misma hora, el canciller de Alemania Occidental, Helmut Kohl, se encuentra reunido en Varsovia con Lech Walesa y nada sabe del asunto.

En la conferencia de prensa hay periodistas internacionales que intuyen que algo puede ocurrir. Pero no ocurre nada: Schabowski recita con rostro aburrido la tradicional basura comunista tantas veces escuchada. En el momento en que se da por terminada la conferencia, un periodista italiano pregunta por el “nuevo reglamento de viajes”. Schabowski manotea sus papeles porque algo cree recordar. Un asistente lo ayuda. Toma la hoja y lee: “Cualquier ciudadano podrá salir con su pasaporte y visa al día…”.

Muro de Berlín
Foto: AFP

Conmoción para todos quienes sintonizaban la tele de la RDA. ¿Qué está diciendo? Los ingleses y norteamericanos piensan en un error del traductor. Los periodistas piden a Schabowski que vuelva a leer el documento: “Cualquier ciudadano podrá salir con su pasaporte y visa al día…”.

—¿A partir de cuándo? —pregunta un periodista ansioso.

—Eh… del 9 de noviembre —responde con voz insomne Schabowski.

Hoy mismo.

Lauter, el autor de la nota, está en el teatro viendo una obra de Goethe. Sonríe.

Los peces gordos del Partido Comunista duermen a pata suelta. Como es habitual en los viejos, se acuestan temprano.

En la TV de Alemania Federal se interrumpe el partido entre Stuttgart y Bayern de Munich. El encargado del noticiero anuncia: “Se acaba de informar que en la RDA cualquier ciudadano podrá salir con su pasaporte y visa al día…”.

Foto: AFP

Jäger, con la boca abierta y un trozo de salchicha a la vista, acaba de escuchar a Schabowski por TV y pide explicaciones por teléfono a sus superiores, al mismo tiempo que ve llegar al puesto fronterizo de la calle Bornholmer cada vez más y más gente que desea salir.

—¿Qué hago?

—Que no salga nadie.

—Pero es una multitud…

El teniente coronel activa la alarma y le dan una orden: “Deje salir a todo el que quiera hacerlo, selle el pasaporte correspondiente, pero no podrán volver a entrar”.

A la vuelta ya había una Alemania reunificada.

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