El poder de la mente y las emociones
Un paciente que acudía a terapia psicológica, en medio de su proceso un día contó en la consulta que se había quedado sordo de un oído, súbitamente. Era joven y estaba preocupado. Había consultado al médico que, sin haberle encontrado ninguna causa física y tras muchos estudios, le explicó que se trataba de una sordera autoinmune. Pero los antiinflamatorios que le habían recetado no funcionaron ni en uno ni en dos ni en tres meses.
Tras notar la frustración en el paciente, a su terapeuta se le ocurrió probar con EMDR para reprocesar la sensación de su oído. Durante una sesión, se le pidió al paciente concentrarse en esta parte del cuerpo, y en mitad de la consulta sintió cómo se le destapaba. Por supuesto, en el medio sintió una catarata de cosas que nada tenían que ver con el oído ni con ninguna otra parte del cuerpo.
Este es un caso clínico real que la psicóloga y psicoterapeuta Sabina Alcarraz contó a Galería. La especialista en EMDR aseguró que con las emociones pasa eso, se estancan, se hacen sentir de cualquier otra manera hasta que durante un reprocesamiento se ven de verdad.
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Sabina Alcarraz, psicóloga y especialista en EMDR
“Podemos sanar con el poder de nuestra mente a través de la estimulación bilateral, que desbloquea ese recuerdo o esa sensación traumática que quedó como mal guardada. Pero está prohibido decir que esto es mágico, porque es científico. Con esos movimientos el cerebro se depura y empieza a remover todo lo que es tóxico, el trauma psíquico, y el paciente se va aliviado” de forma casi inmediata, explicó Alcarraz.
Hay algunos síntomas que pueden aparecer tanto durante como después de la sesión, desde dolor de estómago y cosquilleos, pasando por una sensación de frío, hasta dolor de cabeza, pesadillas y vómitos. También hay quienes no sienten absolutamente nada. “Hay que recordar que estamos moviendo estructuras cerebrales que estaban quietas. Estás desbloqueando algo, sí, pero no es tan fácil como abrir un cofre con una llave”, señaló la psicóloga.
“Primero tengo que evaluar si el paciente tiene todas las herramientas para hacerlo. Porque si está muy ansioso, yo primero tengo que nivelar su ansiedad y después comenzar el reprocesamiento. Si no, sus niveles de ansiedad pueden dispararse, se va a descompensar”, explicó. Pero también depende de la urgencia. Si el paciente aparece en la consulta muy invadido, tampoco está mal empezar por ahí.
La recomendación es siempre la de no intentar practicarlo uno mismo. Si bien existen ejercicios con las mismas bases como “el aleteo de la mariposa” —técnica de regulación emocional que implica cruzar los brazos sobre el pecho, de modo que la punta de los dedos queden debajo de la clavícula para dar pequeños golpecitos—, el EMDR sigue un determinado protocolo, que parte de la base de que existe la contención del psicoterapeuta.
“Tiene riesgos hacerlo con cualquiera”, advirtió Alcarraz. “Estás tratando con la mente humana, movilizando traumas psíquicos y si no sabés llevar al paciente, se complica. El riesgo viene porque estás trabajando con lo más delicado que tenemos, lo que nos comanda. Y si eso no está bien, todo el resto no lo está”.
Definamos trauma
El trauma es lisa y llanamente una respuesta emocional y psicológica a un evento abrumador o amenazante para una persona. Alcarraz contó que a través del reprocesamiento con EMDR ha visto desbloquear las raíces de varios de ellos: un insulto en la escuela, un rezongo de mamá, un objeto perdido. Accidentes de tránsito, catástrofes, pérdidas repentinas, hechos de violencia… “Normalmente son cosas que en el momento el cerebro no pudo procesar y quedaron como encapsuladas, y ese bloqueo genera síntomas a posteriori”, explicó la psicóloga.
Y no siempre se trata de acontecimientos de larga data. Existen diferentes tipos de trauma: el trauma simple, que ocurre después de un solo evento muy estresante, y el trauma crónico o complejo, que se desarrolla por la exposición repetida a una situación de estrés, o cuando una persona está expuesta a múltiples y diferentes situaciones traumáticas durante una misma etapa, como puede ser la infancia o una relación no sana. A este último suelen pertenecer los casos de abuso infantil o violencia intrafamiliar.
“Tiene riesgos hacerlo con cualquiera”, advirtió Alcarraz. “Estás tratando con la mente humana, movilizando traumas psíquicos y si no sabés llevar al paciente, se complica. El riesgo viene porque estás trabajando con lo más delicado que tenemos, lo que nos comanda. Y si eso no está bien, todo el resto no lo está”, dijo Sabina Alcarraz.
Aun así, si bien todo puede convertirse potencialmente en un trauma dependiendo de cómo el cerebro lo procese, no todo lo difícil y doloroso necesariamente lo sea. Para que una experiencia se instale como trauma debe superar la capacidad de afrontamiento de la persona en un momento determinado, que es diferente en cada caso, y crear una sensación de amenaza, pérdida de control o vulnerabilidad extrema. Lo importante es entender que lo que puede ser traumático para una persona no necesariamente tiene que serlo para otra, porque depende no solo del contexto, sino del significado que se le da al evento y los recursos emocionales disponibles para procesarlo, así como también son factores incidentes la edad y la repetición.
Desde el momento en que se moviliza el trauma, el cerebro empieza a funcionar de otra manera y la situación se interpreta desde otro lugar: “Se logra una reacción distinta a situaciones comunes que antes nos hubieran hecho explotar. Es una instalación de lo positivo”.
Trabajar en autoestima
La baja autoestima también puede tener sus raíces en una situación de trauma, o bien provocarla. Algunas personas consultan por esto, que muchas veces responde a algún problema con una parte del cuerpo puntual, como puede ser la nariz, las orejas o los pechos. Cuando se profundiza más se llega a que todo responde a que alguna vez se rieron de esa nariz, sobre todo en la infancia, y eso marca, se instala.
Alcarraz también es especialista en psicoestética —disciplina que trabaja la integración de la imagen personal en el abordaje psicológico— y pionera del tema en Uruguay, pero además utiliza el EMDR para tratar la obsesión por cambiar una parte del cuerpo, por ejemplo, reprocesando aquel momento que gatilló la obsesión y transformando las sensaciones para empezar a amigarse con el cuerpo.
“Comentarios sobre cómo me veo o autopercepciones pueden estar muy vinculadas con el trauma”, explicó la psicóloga.
“En psicoestética, la terapia se pone al servicio de pacientes que se hacen o piensan hacerse tratamientos estéticos. Lo que hacemos es detectar sus expectativas con el procedimiento clínico y sostener en el posoperatorio a ver si el paciente quedó o no satisfecho con el resultado, porque cuando no queda satisfecho impacta mucho en la autoestima, en el amor propio, y eso puede ser traumático”. La especialista subrayó que lo estético no es un tema frívolo o superficial, porque la imagen está directamente vinculada al “cuánto me cuido, cuánto me quiero, cuánto me acepto”.
También existe el extremo de la adicción a los procesos estéticos, cuando una persona se somete a una intervención detrás de la otra “buscando elementos que tendría que trabajar desde el interior”, a lo que Alcarraz llama “violencia estética”.
Lo primero siempre es conocer o dar con el motivo que lleva al paciente a pasar por ese procedimiento. A través de la psicoestética se trabaja desde la gestión emocional hasta los hábitos y estilo de vida. Al cambiar eso, se termina impactando en la imagen y a veces en lo que se quería cambiar, porque lo que se logra sobre todo es un cambio en cómo uno se percibe. Y si hay algún pensamiento o creencia haciendo ruido, se puede reprocesar con EMDR.
“En estos 15 años de ejercicio me di cuenta de que el tema de la autoestima está presente en el 98% de las consultas”, contó la psicóloga.
Para todo, su bandera es la psicoeducación; a Alcarraz le gusta que el paciente se vaya de la consulta con el nombre de lo que tiene, los síntomas, por qué le pasa lo que le pasa y cómo se va a trabajar sobre eso. “Es importantísimo que el paciente sepa que no es el único que está viviendo lo que sea que está viviendo”.
La psicoterapeuta contó que hay madres que vienen con sus hijas adolescentes antes de hacerse una rinoplastia o cirugía de mamas. Es, indiscutiblemente, un motivo de consulta mayoritariamente de mujeres, que responde, según Alcarraz, a que a ellas se evalúan mucho más a través de la apariencia física que los hombres.
Además, los cambios hormonales en las mujeres causan algunas alteraciones en la autoestima si no está fortalecida. De cada 10 pacientes de Alcarraz, nueve son mujeres. La realidad también, según la psicoterapeuta, es que las mujeres son más propensas a trabajar sobre sí mismas. “El hombre va más en piloto automático”, y ahí es cuando las emociones quedan mal guardadas. Sin embargo, no suelen consultar.
Trabajar sobre la autoestima no es nada fácil: “Es muy trabajoso que una persona entienda que cuidarse es parte de quererse a la vez que entiende que esa nariz, ese lo que sea, no lo define”.
Sin embargo, la especialista acepta que hay casos en los que el trauma es tan grande que a veces la operación, en definitiva, ayuda, aunque nunca es una solución absoluta. Lo importante es que en un mundo de filtros y publicidades que bombardean, aprovechándose de que a la autoestima baja le gana la desesperación por el cambio/solución inmediata, se pueda entender que “la gente real no tiene esas caras perfectas ni esas pieles ni esos abdómenes. Nuestra valía no depende de una imagen perfecta”, sino de animarnos a iniciar, indagar, entender, reconciliarnos y aceptarnos.
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Autoconocimiento, amor propio y EMDR
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Grijalbo, 144 páginas, 790 pesos.
Decido quererme es el libro recientemente publicado de Sabina Alcarraz. “Es un libro de amor propio, una guía, una herramienta”, contó. Es un cuaderno de casos clínicos (cuidando la privacidad de los pacientes) con algunos ejercicios para entrenar el autoconocimiento y el amor propio. “En estos 15 años de ejercicio me di cuenta de que el tema de la autoestima está presente en el 98% de las consultas”.