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    Los objetivos del presidente del BCU: “Desinflación más simétrica” y quebrar la “inercia cultural” del dólar

    El nuevo titular de la autoridad monetaria, Guillermo Tolosa, detalla la estrategia del gobierno para intentar que, al finalizar el período, Uruguay tenga una inflación anual de 3% o 3,5% y un mercado de crédito en pesos más profundo

    La semana siguiente al triunfo electoral del Frente Amplio, Guillermo Tolosa, siendo funcionario del Fondo Monetario Internacional, atendió su celular cuando esperaba un vuelo en el Aeropuerto de Barajas, en Madrid. Gabriel Oddone, entonces designado ministro de Economía, llamaba para ofrecerle ser el timonel del Banco Central (BCU) e integrar, junto con él, el equipo económico del gobierno de Yamandú Orsi. Aunque lo sorprendió, aceptó “en el acto”, sin dudar “un milisegundo”, cuenta este economista de 49 años, que hizo gran parte de su carrera en el exterior, conversando con Búsqueda este lunes 31 en el despacho de presidente de ese organismo.

    Tolosa dice que haberlo puesto en ese cargo a él, que “siempre” se definió “políticamente independiente”, es una novedad positiva para Uruguay, si bien es lo natural en países más maduros: “Es histórica la señal; que yo recuerde, es la primera vez (que un presidente de la autoridad monetaria no pertenece al partido de gobierno), y es un enorme paso adelante en lo que es la institucionalidad del BCU y la independencia de facto que viene gozando, hasta cierto punto, la institución”.

    Tras casi dos años en los que la tasa de variación de 12 meses de los precios al consumo ronda el 5%, el jerarca cree que el “tirón” que falta es bajar la inflación a niveles del orden de 3% o 3,5% anual hacia el final del período. Deberá lograrse, plantea, sin que sea un proceso de “desinflación asimétrica” como el que, en los últimos años, dañó la competitividad de los sectores exportadores. Lo que sigue es una síntesis de la entrevista en la que explica cuál es la estrategia para conseguirlo, entre otros temas.

    —En su discurso de asunción dijo que el objetivo era ir al 4,5% anual en el período de dos años y, después, a un guarismo menor, que no explicitó. ¿Cuál sería ese futuro objetivo y cuál es la inflación óptima para Uruguay?

    —El objetivo de inflación lo da el Comité de Coordinación Macroeconómica, que está dado por el BCU y el Ministerio de Economía; es una decisión conjunta. Para los próximos dos años, el horizonte de política monetaria, nuestra meta es que la inflación y las expectativas de inflación converjan a lo que es el centro de la meta del 4,5%. Y una vez que cumplamos con ese objetivo —todavía no estamos ahí— revaluaremos la situación, dada la circunstancia y el contexto, y veremos cuál creemos que debería ser la nueva meta. Sin duda, 4,5% luce alta a nivel internacional. Un país emergente, maduro, generalmente tiene 3% como meta de inflación o en algunos casos 3,5%, así que esa debería ser la aspiración del Uruguay, eventualmente. Como digo, se verá la cadencia de la reducción de la meta llegado el momento; como meta final debería ser una de esas dos.

    —¿Está previsto algún cambio instrumental en la política monetaria?

    —Lo que cambia es cuál es el foco en términos de la comunicación y de nuestras acciones. El foco va a ser ahora el centro de la meta, que es 4,5%. Por supuesto, siempre los bancos centrales se mueven con algo de flexibilidad; existe un rango en el cual nos podemos sentir más cómodos, pero tenemos una clara definición, que el foco de nuestros esfuerzos va a ser el 4,5%.

    —¿Cómo se va a conciliar ese objetivo de inflación y, al mismo tiempo, la preocupación por el impacto que ha tenido el desalineamiento cambiario sobre sectores agroexportadores y los que compiten con productos importados en el mercado interno, que usted mencionó al asumir?

    —Preferimos no usar el término atraso cambiario, que generalmente los economistas usan cuando se trata de regímenes de tipo de cambio fijo, pero, sin duda, esa es una preocupación y nosotros queremos que exista una desinflación sin esas características tan agudas.

    En los últimos cinco años, la inflación no transable bajó realmente muy poco y el grueso de la caída de la inflación ha sido por la inflación transable, con lo cual el exportador siente que sus ingresos aumentan a un ritmo que es el de la inflación transable, pero sus costos aumentan a un ritmo mucho mayor, que es el de la inflación no transable. Esa dicotomía, que nosotros llamamos desinflación asimétrica, genera dificultad en la competitividad, que en cierta medida refleja factores estructurales, como lo que fue el ingreso masivo de dólares por inversión extranjera directa —que es inevitable—. En la medida que se opere en un marco distinto, en el cual las políticas macroeconómicas son totalmente consistentes, y que las señales que dan los diferentes sectores del gobierno y el BCU sean totalmente armoniosas, de forma que las expectativas de inflación bajen y de esa forma se ajuste la formación de precios de los sectores servicios y no transables, la desinflación va a ser más simétrica, más armoniosa. En la medida que la comunicación sea más potente, que se siga trabajando en la credibilidad del BCU —incluido, por ejemplo, un directorio técnico, independiente—, eso también va a ayudar a reducir las expectativas, y se sabe que cuando se reducen las expectativas el efecto en la inflación hoy es inmediato, sobre todo en la inflación de servicios y no transables. Por lo tanto, todas esas medidas creemos que van a ayudar en la dirección de tener una desinflación más simétrica.

    —¿En qué plazos se corregirá el desalineamiento cambiario (del 8%, según el último Informe de Política Monetaria)?

    —Desde el BCU no controlamos todas las variables involucradas. Por lo tanto, más allá de que hay una intención y un compromiso del gobierno de que las políticas estén alineadas para asegurarnos una desinflación simétrica, no me puedo comprometer a la velocidad con que eso baje.

    —¿Está convencido de que va a haber una consistencia entre las distintas políticas macro, como la de ingresos o la fiscal? Porque está ese compromiso del gobierno, pero también hay expectativas de votantes frenteamplistas de más gasto público y de mejoras de salarios y pasividades…

    —No me corresponde desde el BCU opinar cómo se van a dar esas políticas. Sí he escuchado del ministro Oddone que existe un compromiso de alinear las políticas de forma tal de cumplir un objetivo prioritario del gobierno en su conjunto, que es la baja de la inflación.

    Entre uruguayos, no tenemos absolutamente ninguna necesidad de estar fijando contratos en dólares, una moneda que puede ser bastante más volátil que la uruguaya en los tiempos que corren. Entonces, no nos hagamos goles en contra entre uruguayos Entre uruguayos, no tenemos absolutamente ninguna necesidad de estar fijando contratos en dólares, una moneda que puede ser bastante más volátil que la uruguaya en los tiempos que corren. Entonces, no nos hagamos goles en contra entre uruguayos

    —Al asumir habló de “sacar los andamios” a una política monetaria que “está en construcción”, y dijo que para eso es clave impulsar de forma “considerable y visible” la intermediación en moneda nacional y mejorar la inclusión financiera. ¿De qué forma en concreto se avanzará en eso?

    —Vamos a impulsar el desarrollo del mercado capital. Hay varias normativas y regulaciones que pueden ser mejoradas de forma tal de canalizar más intermediación, en particular en moneda nacional.

    Además, puede haber medidas en la intermediación bancaria que ayuden e induzcan a la población a volcarse de una forma más decisiva al ahorro y a los préstamos en moneda nacional. De todo el concierto de países emergentes, Uruguay es quizás casi el más alto del mundo en su grado de dolarización de la intermediación bancaria. Dado el nivel de inflación que tenemos hoy por hoy, esa realidad va, sin duda, a cambiar. Hay una disociación entre lo que es la realidad de una baja inflación —que ya es estable hace dos años y está muy cerca del centro de rango meta— con el hecho de que se siga confiando para el ahorro en el dólar, una moneda que está siendo fruto de políticas mucho más, si se quiere, inciertas y volátiles que en el pasado. Entonces, es una cuestión de tiempo que naturalmente va a existir más ahorro en moneda nacional, pero además desde la política exploraremos medidas que induzcan y aceleren aún más ese proceso.

    —¿Puede ser más concreto sobre qué tipo de medidas están pensando adoptar?

    —Vemos que existen vehículos o conductos de inversión que no están siendo suficientemente utilizados, por ejemplo, los fondos de inversión. Fondos cerrados de inversión, fondos abiertos de inversión son generalmente una herramienta muy interesante para invertir en bonos, ya sean del BCU o del Tesoro, que están rindiendo de forma muy atractiva —más de 9%— y no hay suficientes facilidades para que el ahorrista uruguayo llegue a invertir y disfrute de estos altos retornos. En cambio, la gran mayoría de los uruguayos sigue teniendo sus depósitos en moneda nacional “a la vista”, rindiendo un 0%. Si con ciertas adecuaciones normativas hacemos más fácil la inversión en fondos, el incentivo de los uruguayos a ahorrar en moneda nacional va a ser sustancialmente más alto.

    —¿Qué incentivos?

    —Hay alguna cuestión normativa y legislativa que estamos analizando, que tiene que ver con lo impositivo, que está frenando el desarrollo que vemos en otros países del mundo. Eso, en Uruguay, ayudaría muchísimo al desarrollo de más instrumentos en pesos.

    —¿Se buscará también promover un mayor uso de la moneda nacional en los mercados de automóviles y el inmobiliario, algo que quisieron impulsar las anteriores autoridades del BCU?

    —Sí. Ese impulso sienta las bases de lo que vamos a seguir haciendo ahora. No dio suficientes resultados en la medida que todavía no existía una trayectoria de inflación consolidada dentro del rango meta. Ahora que ya tenemos prácticamente dos años de inflación dentro del rango meta, las bases para esa discusión cambian y nuestra expectativa es empezar a tener esas interacciones con el sector privado de forma que algunas de estas prácticas empiecen a ajustarse. Es natural en estos procesos que existan lo que yo llamo inercia cultural, más allá de que los fundamentos económicos cambiaron completamente, pero la cultura no se adapta a la nueva realidad. Tarde o temprano, con un poco de acompañamiento, inducción y conversaciones con el sector privado, las prácticas inevitablemente van a terminar cambiando también.

    —¿La inducción quiere decir algún tipo de medida orientativa o de restricción para la venta en dólares?

    —Nada puede estar fuera de la mesa. Sí creemos que se debe mantener la impronta de libertad en lo que es el régimen de contratos en Uruguay. Dentro de ese marco, se tienen que dar discusiones con el sector privado sobre cómo podemos avanzar hacia una pesificación mayor de los contratos. Esto es en beneficio de todos nosotros, porque muchas veces los principales damnificados de este tipo de contratos son los propios empresarios. Por ejemplo, en su pregunta mencionó el sector de la construcción, donde se fijan contratos en dólares cuando los precios están en moneda nacional y se genera un descalce, que se ha demostrado en casos recientes, que puede implicar problemas financieros muy serios para estos emprendimientos y son totalmente autoinducidos. Porque, entre uruguayos, no tenemos absolutamente ninguna necesidad de estar fijando contratos en dólares, una moneda que puede ser bastante más volátil que la uruguaya en los tiempos que corren. Entonces, no nos hagamos goles en contra entre uruguayos; diferente es la situación de empresas que no tienen otra que vender en dólares por el hecho de que enfrentan el mercado internacional. Estas son cosas que, tarde o temprano, es inevitable que en Uruguay cambien.

    —¿Cómo se va a impulsar la inclusión financiera?

    —Para nosotros, la inclusión va a ser un objetivo importante. La transición digital trae muchísimos beneficios para el ciudadano en términos de eficiencia, de lo que ahorra en tiempos. Pero hay otros uruguayos que no se han beneficiado de la misma manera. Doy ejemplos para ilustrar: el artista callejero que me emocionó ayer en plaza Independencia hoy tiene bastante menos ingresos de los que tenía hace tres años por la carencia de efectivos. Mi tapicera, que no se anima a tener una cuenta porque ha tenido malas experiencias en el pasado, está perdiendo clientes porque ahora los clientes quieren estar acostumbrados a pagos rápidos. Entonces, tenemos que asegurarnos que en este proceso sigamos en la dirección de que las transferencias y los pagos sean cada vez más simples y cada vez más accesibles para todos.

    —El plan de bancos y financieras que el año pasado condonó y reestructuró deudas abarcó a unas 200.000 personas, pero según algunos estudios académicos los sobrendeudados superan los 800.000. ¿Le preocupa eso? ¿Desde el BCU se van a promover acciones complementarias?

    —Estamos trabajando, en primer lugar, en lo que son las causas de ese fenómeno. Las tasas de interés en moneda nacional son muy altas en la comparación internacional y son muy altas dado lo que son los niveles de inflación actual, en parte, por lo que hablábamos de que las expectativas de inflación todavía están desancladas y las expectativas alimentan tasas de interés más altas. En la medida que vamos a trabajar de forma muy decisiva por reducir las expectativas de inflación, nuestra expectativa es que las tasas de interés en pesos empiecen a caer de una forma bastante más pronunciada de lo que lo han venido haciendo. También en el contexto de la consolidación de la independencia del banco, del fortalecimiento de los canales de transmisión de la política monetaria, de los altísimos activos de reserva con los que cuenta el BCU, del fortalecimiento de la comunicación del banco. Son medidas que van a ir en la dirección de que, para los uruguayos, el crédito sea más accesible que en el pasado y posible de ser repagado.

    También tenemos que ampliar la mirada y entender que esto es un problema puntual de cierto segmento y que hay otros uruguayos que no acceden a suficiente crédito. Por ejemplo, a préstamos hipotecarios, somos de los más bajos del mundo emergente, préstamos universitarios para quienes quieren tener una carrera estudiantil, préstamos para las pymes (pequeñas y medianas empresas), para que haya más competencia, para que haya más acceso a los proyectos de los uruguayos, sobre todo de los más vulnerables y que no tienen el privilegio de una herencia o de un regalo para hacerse una casa. Al final, el crédito es la herramienta más democratizadora de igualación de oportunidades para quienes no tienen un contexto privilegiado.

    —¿Dónde está el problema con el crédito y cómo se facilita el acceso a esos otros sectores?

    —El tema del crédito involucra una serie de dimensiones; no creo que haya una bala de plata para explicar la situación actual. Si me presiona, creo que lo más importante es que a demasiadas empresas uruguayas se les da una opción que es muy pobre o toman crédito en dólares, que no es la moneda en la que hacen sus operaciones, obligándolas a un descalce, o el crédito en moneda nacional es demasiado caro para lo que es la rentabilidad de su empresa.

    Hay varios frentes sobre los que actuar. Uno es el desarrollo del mercado capitales, donde hay varias medidas para tomar. Después, el gobierno tiene una impronta de desempapelamiento y de desburocratización que va a abarcar varias áreas de la economía y, sin dudas, también puede ser considerada en el sistema bancario, para ayudar y facilitar la creación de crédito.

    Dije en mi discurso de asunción que, por ejemplo, con el tema de los fondos ganaderos es muy importante tener mayor foco en traerlos al perímetro regulatorio pero, al mismo tiempo de asegurarnos en el perímetro regulatorio, tener canales ágiles, eficientes, para poder atraer crédito y que sean canalizados hacia la inversión productiva.

    —Antes mencionó la importancia de la credibilidad en el BCU para el propósito de seguir bajando la inflación. ¿Se va a impulsar en este período alguna modificación que refuerce la autonomía bancocentralista?

    —De facto, seguimos profundizando la autonomía. Con el tiempo, la independencia de derecho del BCU es inevitable, porque es el estándar a nivel internacional y es el tipo de países emergentes que Uruguay quiere aspirar (a ser), con una mejor calificación de riesgo. Y, además, porque la clase política se beneficia enormemente: la independencia del BCU es lo que garantiza que cualquier ruido, cualquier incertidumbre política que se genere, no se traslade a un mayor costo de endeudamiento para el país, para su gobierno, para sus empresas, o que afecte la inversión en hospitales o escuelas. En los países que existe una independencia del banco central consolidada, eso aísla o blinda las tasas de interés y de inflación de cualquier dinámica política que pueda suceder. Ese arreglo institucional es en beneficio de la política y del ciudadano. En Uruguay, el progreso ha sido más lento. Pero en la práctica se ha operado de forma razonablemente o completamente independiente; ya lo vemos en parte en los resultados de lo que es una inflación bastante baja y tasas de interés razonables.

    —¿Cómo está siendo la coordinación con el Ministerio de Economía? ¿Es en el Comité de Coordinación Macroeconómica o en otro ámbito?

    —No, la instancia para coordinar es, sin duda, el Comité de Coordinación. Pero, en la medida que la coordinación de las políticas es importante para algunos de los objetivos comunes, tiene que haber una flexibilidad de acuerdo con lo que requieran las circunstancias en lo que es la comunicación y el intercambio para la toma de decisiones.

    —¿El objetivo del BCU es exclusivamente la inflación o tiene más de uno?

    —El objetivo del BCU es cumplir con la meta de inflación. Ese es nuestro objetivo. Nos gustaría que se den las condiciones para que podamos cumplir con ese objetivo de forma que la desinflación —esa última milla que nos queda, ese último tirón— sea lograda de forma simétrica entre los sectores de la economía.